Lo que se aprende en la vida, lo que se puede enseñar,
es la técnica del paso al conocimiento.

Cesare Pavese (1908-1950), escritor italiano

domingo, 10 de marzo de 2019

VCM-18. TOXICOLOGÍA QUÍMICA Y RADIACTIVA. SIGLO XX (1ª MITAD)

(Continuación) En esta particular crónica negra de la ciencia que les estoy contando, con algunas de las muertes tóxicas más raras de científicos, ya en la primera mitad del siglo XX apuntan a un veneno que está más acorde con los tiempos.
Trato de decir que su origen está relacionado con los campos de conocimiento más novedosos de la ciencia, y así por ejemplo empiezan a aparecer muertes por radiación, fruto del desarrollo del electromagnetismo o de la incipiente física nuclear.
He escrito crónica negra, pero la expresión no nos debe llevar a equívocos, pues estas no son entradas de muerte, sino de vida.
No en vano en ella aparecen científicos que, en su mayoría, se fueron de manera precipitada, sí, pero dejando mejoras en la vida del resto de la humanidad a corto, medio o largo plazo. De hecho, a algunos de ellos, por la forma en la que dieron su vida por la ciencia, bien podemos elevarlos a la categoría de héroes. Les dejo con algunos.
Elizabeth Fleischman
La estadounidense Elizabeth Fleischman (1867-1905) fue una de las pioneras en la aplicación de los rayos X en el campo de la medicina. Como suele ocurrir en estos casos, se dio cuenta tarde de los mortales efectos que producía estar sometida a su constante exposición.
Y, aunque intentó protegerse en los últimos años, murió a causa de sus efectos en 1905. Tenía tan solo treinta y siete (37) años.
Por cierto, que lo hace en el mismo año en el que el físico relativista germano-estadounidense Albert Einstein (1879-1955), publica la primera de sus dos (2) teorías relativistas, la Teoría de la Relatividad Especial (TRE).
En la imagen de más arriba, una radiografía tomada por la misma Fleischman de un pie dentro de un zapato; a destacar el detalle del talón y los cordones.
Pierre Curie
Y de EE. UU. a Europa, nada menos que con Pierre Curie (1859-1906), físico francés pionero en el estudio de la radiactividad y descubridor de la piezoelectricidad. Fue galardonado con el Premio Nobel de Física en 1903, junto con su mujer Marie Curie, y tuvo también una muerte prematura, con tan solo cuarenta y siete (47 años).
Pierre enfermó por los efectos radioactivos del material de trabajo que manejaban, pero no murió a causa de ellos, sino de una manera mucho más prosaica. Tres años después de ser galardonados con el Premio Nobel, el 19 de abril de 1906, fue atropellado por un carro tirado por caballos mientras cruzaba la calle Dauphine de París.
Y aunque iba, como siempre, ensimismado en sus pensamientos, todo apunta a que ya estaba muy debilitado por la enfermedad y que le faltó capacidad de reacción. Aunque, sin olvidarnos de que en los inicios del siglo XX, las muertes por atropellos de carros de tracción animal no eran del todo infrecuentes.
Es seguro que conocen la frase: “Detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer… sorprendida”, y probablemente coincidan en que, quizás, no sea más que un cliché. Puede ser, por qué no. Pero les aseguro que no es este el caso, en el que detrás de una gran mujer, está un gran hombre que sabe lo que se hace.
Porque sin duda Pierre, que ya era toda una personalidad científica, lo tiene claro cuando en 1896 deja todas sus líneas de investigación y se dedica sólo al estudio de la radiactividad tras la figura de Marie.  (Continuará)
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