En busca de la teoría (única) perdida
Einstein creía que las dos
interacciones fundamentales conocidas hasta ese momento,
electromagnética y
gravitatoria -ya explicadas, a satisfacción, por teorías independientes- podrían ser descritas también por una teoría única. De hecho, ya había escrito un trabajo preliminar en 1923.
Años después, el 10 de enero de 1929, la Academia Prusiana de las Ciencias le publicaba un nuevo trabajo sobre su
Teoría del Campo Unificado (TCU).
La noticia corrió como la pólvora.
De nuevo había revolucionarios descubrimientos del mundo. Los periodistas, buenos son ellos, intentaron conseguir una copia del trabajo antes, incluso, de ser publicado. No era para menos.
El hombre que había demostrado que
“la luz se curvaba”, ahora encontraba las ecuaciones que
“resuelven el enigma del universo”.
Algo increíble. Pero incierto.