(Continuación) Muy pocos sabían que, a la par que escribía el libro y participaba en el debate que siguió a su publicación, Rachel libraba otra batalla. Ésta por desgracia era contra una causa perdida. Un cáncer incurable de mama.
Murió enseguida, con tan solo cincuenta y seis (56) años.
Por desgracia antes de poder ver el cambio que su libro, llegó a producir en la conciencia de la gente y en la legislación pública. ‘Primavera silenciosa’, todo un clásico ya de la literatura ambiental.








































