miércoles, 15 de julio de 2026

Es azul porque... [CR-362]

[Esta entrada apareció publicada el 05 de junio de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]

(Continuación) Vaya por delante que de las respuestas anteriores, la de “por el reflejo del mar” es del todo incierta y la de “por la atmósfera” cierta, aunque incompleta, y es que muchas veces la realidad resulta ser bastante más compleja de lo que nos parece, como es el caso de ¿Por qué el cielo es azul? que necesita de no poca ciencia para ser explicada si bien no es menos cierto que la respuesta resulta ser de lo más fascinante.

Así que lo mejor será que vayamos de forma gradual dando como primera respuesta un titular: vemos el cielo azul por la dispersión de la luz solar visible -un fenómeno óptico explicado por Lord Rayleigh en 1871, centésimo quincuagésimo quinto (155.º) aniversario ya- lo que así dicho, la verdad, afirmar afirma, sí, pero aclarar, aclara poco. De ahí que pasemos a una respuesta corta según la cual la dispersión de Rayleigh no es más que el esparcimiento de la luz solar que, si bien parece única y blanca en realidad está formada por muchas de distintos colores (los del arcoíris) que viajan juntas y, al llegar a la atmósfera rebotan con las moléculas de oxígeno y nitrógeno que la componen, desviándose cada luz en una dirección y con una velocidad diferente.

Una dispersión o esparcimiento que cada una realiza según: a) sus propias características ópticas, b) su composición molecular en cuestión, c) el grosor de dicha capa de gases que atraviesa y, d) la sensibilidad del ojo humano a cada color. De la suma de estos factores -en el que ya ve que también interviene la Biología, no todo es Física, también nosotros influimos- proviene el color con el que nos parece que está “pintado” el cielo que vemos y que, a las pruebas me remito, es el azul por ser ésta la luz que más se dispersa en nuestra atmósfera al interaccionar con ella cuando la atraviesa proveniente del Sol. Lo que nos lleva a ciertas preguntas.

¿Por qué es la luz azul y no otra?, ¿por qué los amaneceres y atardeceres sí son rojos, amarillos o naranjas?; es más, ¿por qué el azul del cielo no es siempre el mismo? o, ya de la que va, ¿de qué color son los cielos de otros planetas? Es lo que tiene la ciencia, un campo de conocimiento humano en el que cada respuesta dada, lejos de quedarse ahí, da lugar al menos a un par o dos o tres de nuevas preguntas; vamos que en ella no hay punto y aparte, sino más bien punto y seguido. Qué diferencia con la creencia, donde cada pregunta tiene una sola y taxativa respuesta que, esa sí, además, es punto y final. Vade retro Satana. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

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