domingo, 26 de julio de 2026

¿Hay que tomar ocho vasos de agua al día? (y 6)

(Continuación) En fin, lo evidente, la industria del agua embotellada encontró en este mito una auténtica mina de oro y, naturalmente, reforzó entonces y refuerza ahora la idea de que más agua equivale a más salud.

Es así como una interpretación errónea de un antiguo informe se pudo transformar en un mandamiento casi religioso, aceptado sin más por millones de personas e incluso por profesionales de la salud. No le digo más. Bueno, sí.

¿Cuánta agua debemos beber en realidad?

El agua es vital y esencial para nuestro organismo, todas y cada una de las células de nuestro cuerpo necesita de ella para funcionar correctamente, y una señal clara de que necesitamos hidratarnos nos la da la sensación de sed. Es lo que nos indican tanto la ciencia como la OMS y varias academias de nutrición que promueven un enfoque flexible y personalizado, enfatizando la idea de que hay escuchar las señales del cuerpo.

Como ya comentamos, la cantidad de agua que una persona necesita consumir depende de diversos factores como: nivel de actividad física, clima en el que se vive (temperatura y humedad), dieta de alimentación, tamaño corporal, estado de salud general o nivel socioeconómico.

Un viejo conocido que es muy dado a responder a la gallega, aunque sea aracenense afincado en Seviila, hablando de este tema me dejó esta “perla” en forma de pregunta que le traslado: Carlos, ¿cuánto hemos de parpadear para mantener una adecuada salud ocular?

¡Oído cocina!

Evidentemente lo que le dé la gana o lo que, literalmente, le pida el cuerpo y que no le cuenten milongas. Se ha de beber solo por sed y no por el color de la orina o por aquello de adelantarse antes de que aparezca la sed, porque entonces ya estaría deshidratado. Falaces falacias o marchando una de pleonasmo, pero ya ve por donde voy.

Ni litros ni vasos ni pitorro botijero, para una persona sana la sed es una guía adecuada, solo dos o tres salvedades: los bebés, que no pueden pedir agua porque no hablen y lo que hay que hacer es ofrecérsela; los deportistas, naturalmente; y una parte de personas enfermas y ancianas, para las que quizás sería necesario ‘programar’ una ingesta de líquidos más allá de su sensación de sed.

Sensación que se ha podido atenuar por diversas causas; pero nada de esa “hiperhidratación” que la fisiología y los resultados de la analítica de osmolaridad urinaria desmiente. El cuerpo humano posee un sistema de osmorregulación muy sensible y cuando la concentración de solutos en sangre aumenta apenas un 2%, muy por debajo de la deshidratación clínica, el cerebro se activa.

E induce la sensación de sed liberando la hormona necesaria para empezar a conservar el agua y que no se “vaya” por la orina. Con las excepciones apuntadas, claro. (¿Continuará?)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas. 


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