(Continuación) Es después -con los temporales, corrientes o cambios de marea- cuando grandes cantidades se desprenden y terminan acumuladas en las playas, gracias a los recurrentes arribazones (llegada y acumulación masiva de grandes cantidades de algas, plantas marinas o animales en la costa) y con las indeseadas consecuencias ya conocidas.
Pero antes plantea
también un reto para la pesca pues se enmaraña en las redes de pesca
artesanal, rompen aparejos y provocan cuantiosas pérdidas de capturas; una
preocupación para el sector pesquero en espacios abiertos que, por desgracia,
no queda ahí, también se extiende a zonas singulares. Perdone, pero voy a hacer
patria chica, pongamos que hablo de los corrales roteños.
Corrales roteños
Que no
son un espacio más de la playa, ni mucho menos. Como seguro estará al tanto, estas
estructuras milenarias constituyen una seña de identidad del municipio de Rota,
un sistema tradicional de pesca y un ecosistema vivo que depende de un más que delicado
equilibrio entre mareas, piedras, agua retenida en ellos y especies que lo
habitan.
Las mismas cuya existencia puede verse gravemente comprometida con el asentamiento masivo de estas algas, cuya cobertura vegetal sobre ellos bloquea o interrumpe su funcionamiento como hábitat. Algo que afecta de manera grave tanto a la práctica de la pesca a pie tradicional como a la biodiversidad autóctona, dado que desplaza a comunidades enteras de algas nativas.
Un
riesgo para el valor patrimonial, ambiental y socioeconómico de uno de los
entornos más emblemáticos de la localidad, agravado por la especial
intervención que, para su retirada en los corrales, esta alga exige y que no es
como en el resto de la playa abierta.
Así que
ni se puede dejar que la biomasa se acumule en ellos, su descomposición puede
reducir la calidad del agua y provocar desequilibrios en una zona tan poco
profunda, ni se puede recoger de una manera agresiva que los dañe. Delicadeza y
precaución con este corralero manto marrón.
Situación actual y ¿problema sin solución?
Sin duda, para todo el medio marino, el daño que cause el alga puede ser bastante más profundo y permanente, aunque menos visible también, que la afectación que nos produzcan su parda visión, desagradable olor o la dificultad para disfrutar del baño o el paseo por la orilla. Un mal asunto.
Pero es
que los datos que manejamos reflejan una creciente magnitud del fenómeno, una
proliferación de este organismo que responde a un fenómeno de dispersión
progresiva a lo largo del litoral atlántico de la provincia de Cádiz. De mal en
peor.
Una
situación que se agrava pues diferentes investigadores coinciden en que
la erradicación de Rugulopteryx okamurae no es viable con los
conocimientos científicos actuales ni sencilla y fácil con la tecnología
existente.
Es lo que indican por ahora diferentes estudios realizados que la califican como especie “incontrolable” y “no erradicable”, de ahí que las administraciones centren sus esfuerzos en prevenir, controlar, gestionar sus efectos y minimizar su impacto sobre el litoral y puntos más sensibles. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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