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(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

domingo, 15 de junio de 2014

“En olor de multitud”


Se trata de una expresión que en los medios de comunicación, suele acompañar a la imagen de algún personaje cuando visita un lugar. Como A. Fleming (1881-1955) cuando vino a España, o vuelve a su tierra tras un éxito notorio un hijo prójimo.

Es el significado que le asigna el DRAE, a esta locución adverbial que nos viene a decir: “Con la admiración de muchas personas” o “con el aplauso popular, general”.

Por ejemplo, en olor de multitud, volvió el Real Madrid a la capital española procedente de Lisboa tras la conquista de la Copa. Y es que recibió homenajes multitudinarios de múltiples admiradores, con vítores, aplausos y gritos, reconocedores de su valía o gesta.

Para manifestar esta idea se ha generalizado la expresión “en olor de multitud o de multitudes”, que también en plural se utiliza como recoge el diccionario CLAVE. Lo hace con el sentido de "aclamado por muchas personas".

Hasta aquí y por ahora, lo que tengo que decir sobre esta expresión, en olor de multitud o multitudes. Pero más arriba he dicho “en olor de santidad”.

“En olor de santidad”
Se trata de una construcción frecuente la de “en olor de santidad”, aún vigente en nuestro idioma y con el significado de ‘con fama y reputación’.

Un origen que probablemente naciera de una credulidad. Una según la cual, del cuerpo muerto de algunos santos emana un perfume. Una señal inequívoca del cielo, certificadora de su santidad.

Se dice que Santa Teresa de Jesús murió “en olor de santidad”, porque olía mucho a flores, incluso días después de muerta. Es lo que en otros tiempos se decía, que les pasaba al morir a algunas personas que habían llevado una vida virtuosa.

Hoy ya no es así. Será que ya no se lleva la virtud.

Es probable que de esta expresión, derivara el siguiente uso de la palabra olor, que recoge el Diccionario de Autoridades: “se entiende de las cosas morales, por fama, opinión y reputación”.

Y de este significado, y por analogía con “en olor de santidad”, surgiera “en olor de multitud”.

Aunque hay discrepancias. Algunos piensan que procede, precisamente, de “loor”.

Primero fue el ‘loor’, del que pasamos al ‘olor’
Estudiosos de este asunto son de la opinión que ese abrupto hiato -dos oes consecutivas- y, sobre todo, el escasísimo uso de este término en el lenguaje cotidiano, explican la metátesis en confusión con una palabra tan cotidiana como olor.

Piensan que la expresión “en olor de multitud” es un error popular, motivado por la falta de conocimiento que tenía (¿tiene?) el pueblo del significado de la palabra loor, recuerden ‘elogio o alabanza’.

Y aunque por su significado esta palabra tendría más sentido en esa expresión, la gente la cambió por olor. Lo hizo sencillamente porque, al desconocer su significado la sustituyó por olor, que le resultaba más familiar y fonéticamente se le parecía.

Una tergiversación conocida en el campo de la técnica gramatical como etimología popular.

“En olor de multitud” que en cualquier caso, es una expresión correcta, aunque a veces sea utilizada por la prensa con demasiada frecuencia y no siempre de forma apropiada y ajustada.

Por último, y relacionado con la expresión “en olor de multitud, multitudes y santidad” el Diccionario del Español Actual (DEA), recoge también “en olor de amistad y de entendimiento” asignando al giro “en olor de” el significado de ‘en atmósfera o en ambiente de’.




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