viernes, 14 de diciembre de 2018

Mujer y Nobel

(Continuación) Cuando se otorgó a los astrónomos británicos Martin Ryle (1918-1984) y Antony Hewish (1924) el Premio Nobel en Física de 1974 ‘por sus investigaciones pioneras en la astrofísica de radio, en relación con el descubrimiento de los púlsares’, y de su nombre ni mención. Como si no existiera.
Ryle lo recibió ‘por sus observaciones e invenciones, en particular por la técnica de síntesis de apertura’, Hewish ‘por su papel decisivo en el descubrimiento de los púlsares’ y ella, como si nunca hubiera existido ¿Qué me dicen?
Y se quedaron tan tranquilos los dos, a pesar de que fueron muchos miembros de la comunidad científica los que se mostraron molestos e incluso avergonzados. Pero ya saben cómo es el reglamento de la Fundación Nobel al respecto.
La Bell no obstante, elegante e inteligente siempre, decidió no sentirse marginada ni derrotada por ello. Muy por el contrario, manifestó su alegría porque era la primera vez que la astrofísica como disciplina científica ganaba un Nobel. Ya ven qué diferencia.
La Bell en España
En 1999 la astrónoma vino invitada a nuestro país para dar una conferencia en el Museo de Ciencia de Barcelona y, dada su celebridad ya entonces, fue entrevistada para un periódico de tirada nacional que llevaba el siguiente titular: “A más mujeres les gustaría la física, si no fuera una materia dominada por hombres”.
No estaba equivocada por supuesto entonces, pero sin duda los tiempos estaban cambiando. De la entrevista les extraigo unos párrafos:
‘El púlsar o radiopúlsar, es algo así como un faro. Se trata de un cuerpo extraordinariamente compacto que rota sobre sí mismo emitiendo radioondas. Calculamos que su masa es de unos cuatrillones de toneladas para un tamaño que apenas supera los diez kilómetros de radio. En cuanto a su origen, es el resultado de una explosión catastrófica y final de una gran estrella con un tamaño diez veces mayor que nuestro sol. [...]
[...] En el universo hay estrellas muy grandes que, al final de su vida, agotan el combustible que llevan en su núcleo. El núcleo se colapsa y el resto explota. De esas explosiones, y en un margen de tiempo muy reducido, menos de treinta segundos, se forman minerales como oro, plata y platino. Muy probablemente el oro que encontramos en la Tierra procede de esas explosiones’.
Y hasta aquí, espero que hayan encontrado justificada la inclusión de Jocelyn Bell, una Hacedora de la Ciencia.  
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.



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