La muerte es la más sorprendente de todas las noticias previsibles.

Jorge Wagensberg (1948-2018), profesor, investigador y escritor español

domingo, 6 de enero de 2019

‘Adoración de los Reyes Magos’, 1303-1305 (y 2)

(Continuación) Bien ya ven que el de los camellos es un detalle con más de un fleco suelto del que tirar, pero que abandono aquí. Por ahora. 
Segundo detalle: la Estrella de Belén
Lo leímos en las Sagradas Escrituras, y en la pintura paduana Giotto la dibuja con una cola llameante, lo más probable influenciado por la aparición celeste de 1301 del cometa Halley, unos tres años antes.
Desde entonces el cometa es el candidato socio-cultural perfecto para la mayoría de las personas y es así es como dibujamos la Estrella de Belén. Un objeto con cinco o seis puntas, seguido de una cola con varias terminaciones filamentosas que no falta en ningún belén o árbol de navidad que se precie.
Pero, ¿y científicamente? ¿Es un buen candidato el cometa como explicación de la Estrella de belén? Pues mire usted por donde, no es un mal candidato pues sus características astronómicas son parecidas a lo que cuenta Mateo que hizo la Estrella.
Sin embargo, ¡ay de ese pero racional!, existe un inconveniente temporal. No existe constancia de ningún cometa, en las fechas del nacimiento de Jesús. De hecho, sólo en el año 12 a.C., fue visto uno en la constelación de Capricornio, desde agosto a octubre. Por desgracia fue demasiado pronto para nuestros intereses navideños.
Se trataba del cometa Halley. El mismo que catorce siglos después vio en 1301, Giotto de Bondone y plasmó en su Adoración de los Reyes Magos, razón pictórica de la visión comética de la Estrella de Belén.
Tercer detalle: los regalos reales
En la escena también aparecen los tres Reyes Magos de Oriente con sus bíblicos y simbólicos regalos, a saber, oro, incienso y mirra.
Según la tradición fue Melchor, procedente de Europa, un hombre anciano de pelo y barbas blancas, quien entregó el oro; Gaspar, el más joven de los tres, de pelo rubio y proveniente de Asia, el del incienso; y Baltasar, de mediana edad, origen africano y piel negra, quien ofrendó la mirra.
No obstante, hay escritos en los que se puede leer que pudo no ser así y que fuera el negro Baltasar quien lo agasajó con oro, el metal precioso, Melchor quien puso a sus pies la mirra y Gaspar el incienso. Oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre.
En la pintura de Giotto, el más cercano al Niño es Gaspar quien, a diferencia de los otros, está de rodillas, despojado de su corona y besándole los pies con las manos ya vacías. Detrás y de pié, con la mirada puesta en el recién nacido y portando sus regalos en las manos están, Melchor con la mirra y, Baltasar, con el oro, el más precioso de los metales.
Bien pero, ¿por qué los Reyes Magos regalaron oro, incienso y mirra, y no otros obsequios?
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