La ciencia son hechos y de la misma manera que las casas están
hechas de piedras, la ciencia está hecha de hechos. Pero un montón de piedras
no es una casa y una colección de hechos no es necesariamente ciencia.

Henri Poincaré (1854-1912), filósofo y científico francés

viernes, 30 de junio de 2017

Tecnologías del DACS

Con el germen del cajero automático les dejé ayer, allá por los inicios de la segunda mitad de la década de los sesenta del pasado siglo XX.
O lo que es lo mismo, con una máquina que pudiese entregar dinero las veinticuatro horas (24 h) del día, durante los siete (7) días de la semana, de todas las semanas del año, como si fuera una expendedora más al uso. Una más, si bien con un evidente matiz diferenciador tanto de entrada como de salida.
Lo que se introducía en ella, en lugar de una moneda, era un peculiar cheque bancario y lo que ella nos devolvía, en vez de una “chuche”, era dinero en metálico, es decir contante y sonante. Naturalmente como se trataba de lo uno (dinero) y no de lo otro (chuche), Shepherd-Barron desarrolló más de una tecnología para la seguridad operativa del autómata.
Entre otras una de carácter individual o personal, que consistía en la introducción de una clave numérica a modo de código de acceso identificativo, y una ya más general que exigía el uso exclusivo de un cheque, que solo podía conseguirse en el mismo banco.
PIN, cheque y cajero
De la clave numérica de acceso o PIN, ya saben que el escocés inicialmente había pensado en una que constaba de seis (6) dígitos, por aquello de la seguridad, pero que al saberlo su mujer decidió que fueran sólo cuatro (4), por aquello de la memorización. Así que el dilema estaba servido: seguridad versus memorización.
Un falso dilema en realidad porque es sabido que el hombre propone, la mujer descompone y..., en fin que les voy a contar que ustedes ya no sepan o intuyan. Como seguro no ignoran el código de las tajetas consta de cuatro (4) dígitos, ¿cuántos si no podrían ser? Es una historia ya antañona, ésta de las disputas entre mujeres y hombres.
Para el cheque bancario -en aquellos entonces aún no se había inventado la tarjeta de plástico, aunque la verdad sea dicha le quedaba bien poco-, nuestro hombre utilizó una tecnología que ya estaba desarrollada, precisamente, por la empresa donde trabajaba, De la Rue.
Que fabricaba unos ‘cheques seguros’ como mecanismo de pago en gasolineras y grandes compañías comerciales, que utilizaban como identificador de los mismos al isótopo carbono-14, radiactivo por supuesto pero de muy baja intensidad y por tanto no peligroso.
Una técnica la del C-14, basada en el fenómeno de la radiactividad descubierto a principios de siglo, consistente en impregnar los cheques con un compuesto de este isótopo del elemento químico carbono, que permitía identificarlo, reconocerlo y en su caso autorizar la operación de entrega del dinero.
Como la empresa De La Rue se dedicaba también a hacer máquinas para contar monedas, la entidad Barclays Bank le encargó la fabricación de los cajeros que fueron llamados De La Rue Automatic Cash System, más conocidos por su acrónimo DACS. Normal, hasta las instituciones empresariales tienen vanidad.
La historia del cajero automático estaba a punto de dar sus primeros pasos en las calles londinenses.

No hay comentarios :