Las leyes de la matemática no son meras invenciones o creaciones humanas. Existen independientemente del intelecto humano.

M.C.Escher
, artista neerlandés (1898-1972)

viernes, 16 de junio de 2017

Seguimos con el “¡venga!” (1)

Cómo pasa el tiempo. Han transcurrido diecisiete años desde que en la columna de un periódico andaluz ya desaparecido, escribí sobre el nuevo significado que por aquél entonces, tenía el término “venga”. Ya saben.
Esa acepción coloquial asociada al momento de la despedida, tras una conversación con un conocido o amigo. Algo más o menos parecido a esto: "Adiós Venancio, un abrazo". "¡Venga! Carlos, nos vemos".
Era entonces y lo sigue siendo ahora, una forma de hablar sin campo de actuación propio, quiero decir, sin ningún grupo social laboral determinado y exclusivo. No, más bien todo lo contrario.
El uso de la interjección “¡venga!” para finalizar conversaciones, está extendido por todos los sectores de la sociedad. Desde mecánicos y médicos, hasta profesores de Universidad y dependientes, pasando por administrativos e ingenieros. Todos con el “venga”.
También les apuntaba entonces una impresión personal. Por el tiempo que ya llevaba en la calle, lo del “venga” no tenía pinta de ser una moda pasajera y por tanto efímera. En mi opinión se trataba de un uso lingüístico, que había llegado para quedarse un tiempo entre nosotros. Como así fue.

De hecho alguien, hace unos días, me lo recordaba sin él ser consciente de ello:
- ¡Venga! Carlos, nos vemos.
Y en cuanto lo escuché supe que tendría que escribir de nuevo y confirmar el aserto de mi impresión. La otrora voz de moda de nuestra lengua sigue entre nosotros y, además, se ha extendido por todo el suelo patrio. Lo digo porque la tengo oída a madrileños, catalanes, extremeños, andaluces y gallegos.
Como ya habrán intuido a estas alturas del artículo, les reconozco que me gusta el término. Lo veo sencillo e intimista, físicamente me agrada como suena y, a nivel de sentimientos, me transmite cariño. Incluso me resulta cálido cuando pasa a ser el único protagonista de la despedida, y ésta es sólo un: “¡veeenga!” o “¡vengaaa!”.
Que las dos versiones tonales tengo oídas, aunque esa es otra historia para contar en otro momento. (Continuará)



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