[Esta entrada apareció publicada el 10 de julio de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]
(Continuación) Pero no han quedado aquí las aportaciones “loctiteras” a este sistema de construcción modular, gracias a él se ha podido, además, acelerar los procesos hasta diez veces frente a otros sistemas tradicionales, reduciendo el tiempo de construcción en 40 o 50 años y sin comprometer la seguridad ni la integridad del monumento; aparte de disminuir el peso de la estructura gracias al uso de los paneles.
Por no mencionar, a título de curiosidad, que con esta tecnología
el edificio puede soportar cargas por metro cuadrado equivalentes al peso de unas
100 000 personas, o sea, el público del estadio del FC Barcelona o el de unos
1600 elefantes africanos o el de 2 400 coches. O sea que bien. Una robustez
constructiva del todo necesaria para sostener la gran cruz de la torre de
Jesucristo, la más alta del conjunto, cuya estabilidad depende de la solidez de
la estructura que la soporta ya que ella no incorpora adhesivo en su composición.
Unas exigencias técnicas a las que hay que sumar un par de retos más. Uno, el que supuso mantener tal ritmo de construcción haciéndolo viable con la actividad de visita pública del edificio, en el que entran cada hora unos 1 500 visitantes, que no se puede decir que sea peccata minuta; otro, compatibilizarlo con la evolución no lineal de las obras motivada por el modelo de financiación de la Sagrada Familia basado en las aportaciones de los visitantes
Una inspiradora colaboración empresa-iglesia que ha demostrado cómo la innovación tecnológica del siglo XXI -piedra tesada y uso de resinas estructurales avanzadas-, puede adaptarse a una obra iniciada hace más de 140 años, respetándola y manteniendo la visión original de su arquitecto. Gaudí y Henkel dos hombres contemporáneos, el alemán nació cuatro años antes, junto a la piedra tesada y Loctite EA 9497, dos ideas coetáneas que seguro han ayudado a dejar la basílica como legado histórico de la humanidad aún a falta de su culminación: el imprescindible tramo final conformado por la fachada de la Gloria y la escalinata cuyo proyecto duerme en algún despacho consistorial. Hablamos del sueño casi imposible que el reusense dibujó pensando en el futuro, una nueva etapa constructora para la que se cuenta en principio con el mismo sistema tecnológico, pero nunca se sabe, “La ciencia avanza que es una barbaridad”. (¿Continuará?)
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