(Continuación) Salud ocular (o cuando la mirada engaña)
Por último, si bien por ello no menos importante, el hecho de que un eclipse sea parcial no nos
exime de ser especialmente cuidadoso y tomar todas las precauciones para su
observación. Es muy, muy, importante esta advertencia.
“Niño, no
mires fijamente al sol, que te vas a quedar ciego”.
Desde pequeño, por propia experiencia, sabemos que mirar
al sol directamente en un día normal no es una buena idea, y prueba de ello es que, inmediatamente aparece la fotofobia, esa
molestia que nos obliga a apartar la vista y, además, ante tal intensidad
luminosa nuestra pupila se cierra como si fuera el diafragma de una
cámara reduciendo así la cantidad de luz que llega a nuestra retina.
Dos acciones que nos protegen del peligro que supone exponer los ojos a los energéticos rayos ultravioletas (UV) solares, pero no es así durante un eclipse, en el que la ocultación progresiva del sol nos hace bajar la guardia, aunque el peligro siga siendo el mismo si no mayor pues la sensación de deslumbramiento desaparece y, además, para compensar, nuestras pupilas se dilatan para ver mejor.
Es decir que no hay deslumbramiento, pero las
radiaciones UV y las infrarrojas (IR), no nos olvidemos de ellas, siguen
muy presente en ese momento y ahora, para más inri la pupila está
abierta, pudiendo concentrarse en la mácula, punto de máxima agudeza
visual y causarnos daños.
Daños tanto fotoquímicos, los UV, como fototérmicos,
los IR, todos de carácter irreversible y sin que nos demos cuenta pues, en un
principio no sentiremos dolor lo que nos genera una falsa sensación de
seguridad, de ausencia de peligro.
Precaución (no consuma noticias, entiéndalas)
Nunca, nunca, se debe mirar directamente al Sol durante un eclipse sin usar filtros solares certificados o gafas especiales homologadas; olvídese de los populares “remedios caseros” como: un cristal ahumado, una radiografía, los CD, las gafas de soldador, las 3D o las convencionales de sol (ni siquiera las de categoría 4), sencillamente no sirven.
Es completamente falso de toda falsedad que protejan
nuestros ojos, por el contrario, nos lo enfermarán. Igualmente, tampoco
deberemos enfocar al sol con cámaras fotográficas, teléfonos móviles,
prismáticos o telescopios sin la protección adecuada, dado que la luz
concentrada por las lentes puede dañar los sensores de los dispositivos ópticos
y provocarnos lesiones oculares irreversibles.
La observación debe realizarse únicamente con gafas que cumplan estrictamente con los requisitos técnicos y estén homologadas con el certificado ISO 12312-2:2015, incorporen marcado el acrónimo CE de Conformidad Europea y tengan el filtro intacto. Además, se utilizarán durante periodos inferiores a un minuto, realizando pausas, poniéndoselas antes de levantar la mirada al sol y quitándoselas únicamente después de haberla apartado de él.
Una forma sencilla de saber que las gafas son
auténticas y están en buen estado es comprobando previamente que con ellas
puestas no se ve absolutamente nada del entorno -ni luces ni edificios ni el
cielo- y si miramos al sol, únicamente apreciamos un pequeño punto amarillento
o anaranjado. Que lo disfruten. (¿Continuará?)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.





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