(Continuación) Una “escultura” que contaba con cascadas, brisas marinas, olas y plantas, además de pájaros y animales mecánicos, una representación de lo más real que se complementaba con protagonistas humanos, un grupo de “maoríes” que interpretaban danzas folclóricas y música en un escenario habilitado. Todo un espectáculo en el exterior. Mientras, en el interior de su enorme sala y entre otros objetos se encontraba el que nos trae, la imponente esfera metálica suspendida en el aire formando parte de un compás náutico gigante que marcaba la distancia que separaba a Sevilla de Wellington, capital neozelandesa.
Su función era recordar a los visitantes que España y Nueva Zelanda se encuentran geográficamente en polos prácticamente opuestos del planeta, vamos en las antípodas; de hecho, un eje atravesaba ambos territorios a través del globo mostrando de un solo vistazo la polaridad geográfica que unía ambas ciudades, una visión reforzada por el haz de luz que lo atravesaba de España a Nueva Zelanda en línea recta.
Adenda:
esfera bioclimática, edificio y las antípodas
Ni que decir que nuestro globo terráqueo metálico no
tiene nada que ver con la más que famosa esfera bioclimática, bola climática
o globo de la Expo, como popularmente era conocida y que, instalada en la calle Marie Curie, fue diseñada para refrigerar la zona
durante los meses de verano en que estuvo vigente la muestra, (doy fe que se
alcanzaban temperaturas superiores a los 40 ºC).
De su importancia tecnológica habla el hecho de que
formara parte del logo de la muestra, aunque nunca fuese concebida como un
monumento en sí sino como un elemento más del conjunto de fuentes que
dispensaban agua a los visitantes; a pesar de ello pronto y como otros tantos
elementos de la muestra acabaría siendo abandonada in situ donde
permanece desde entonces.
Del pabellón comentarle que, si bien estaba pensado desmontarlo tras la Expo, no fue así y en la actualidad el edificio es la sede del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA); por cierto, la seña de identidad del edificio sigue siendo la pared rocosa si bien el nombre de la calle ha cambiado y Camino de las Acacias, pasó a ser calle Leonardo da Vinci.
Por último, y a propósito de las antípodas, un
pajarito que me sobrevuela mientras escribo estas líneas me pía un sucedido que
las vincula nada menos que con el romántico escritor estadounidense Washington
Irving, con el navegante y explorador Cristobal Colón y su
idea acerca de la redondez de la Tierra, y con los eruditos de Salamanca
y su opinión acerca de la misma: “¿Habrá alguno
tan necio que crea que hay antípodas con los pies opuestos a los nuestros…?”.
Mi pregunta es, ¿acaso en el siglo XV, estos maestros, frailes y dignatarios eclesiásticos de Salamanca cuestionaban que el planeta fuera esférico? (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva,
si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue
publicado el 06 de julio de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA,
del diario digital Sevilla Actualidad.
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