(Continuación) Unas características tonalidades que lo hacen tan especial y cuyo efecto alcanza su máxima expresión en un eclipse lunar total, dando lugar a la conocida como “Luna de sangre”.
Esotros detalles eclipseros: ... ¿por qué la Luna se vuelve roja?, ...
La explicación científica de este llamativo cambio
de color de nuestro único satélite natural se encuentra precisamente en nuestra
propia atmósfera terráquea, que actúa a modo de filtro dispersando la luz solar;
sí, es el mismo mecanismo óptico por el que se enrojecen los amaneceres y atardeceres.
Cuando la radiación solar atraviesa la
atmósfera terrestre de forma rasante, solo las longitudes de onda
correspondientes a los colores rojizos consiguen llegar hasta su
superficie reflejándose de vuelta hacia nosotros. Es como si todos los
amaneceres y atardeceres del planeta proyectaran sobre el satélite.
En la práctica la atmósfera terrestre actúa como una lente gigantesca que filtra y curva la luz solar hacia la sombra proyectada que avanza sobre el disco lunar, haciéndonos percibirla progresivamente más oscura y con un matiz rojizo.
Un matiz cromático que puede variar
notablemente de un eclipse a otro según la cantidad de polvo, nubes o
partículas en suspensión atmosférica de ese momento: las que contienen más
aerosoles suelen dar tonos más oscuros, casi marrones, mientras que las más
limpias producen tonos cobres más brillantes.
Otrosíes eclipseros
En puridad, en estos eclipses buena parte del disco lunar adquirirá un tono cobrizo mientras el resto sigue brillando con su blanco habitual, el clásico delgado borde iluminado por el Sol que hará que se parezca visualmente a uno total, aunque, técnicamente, no lo sea.
Primer otrosí. Un efecto extraordinario en cualquier caso que, es solo mi prescindible opinión no información ineludible, compensa el esfuerzo de madrugar (o de prolongar la salida nocturna, usted mismo), al menos en este caso.
Piense que los eclipses lunares con una
cobertura tan alta como la de este 27-28 de agosto son poco frecuentes y,
además, para volver a ver al satélite teñido de cobre nos tocará esperar
a la próxima alineación favorable. Cosas de la cinemática celeste.
Segundo otrosí. Por si pudiera haber creado
confusión estas enrocadas entradas parceladas a lo largo del tiempo, explicitar
que en este año del Señor de 2026 y cuando hayan visto la luz estas
líneas, habrán tenido lugar dos eclipses lunares: éste agosteño, parcial
aunque muy profundo (casi total), y otro anterior, total y primaveral ya
sucedido el 3 de marzo. Escrito queda para lo que haya menester.
Tercer otrosí. Aunque poco conocido en general, los eclipses solares y lunares no son fenómenos aislados, sino que más bien aparecen habitualmente emparejados de modo que, aproximadamente, media lunación después de un eclipse solar puede producirse uno lunar; es como si se acompañaran en el espacio. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras
en negrilla y cursiva, si desean ampliar información
sobre ellas.




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