martes, 1 de septiembre de 2020

“Querida, vivimos… [CR-99]

[Esta entrada apareció publicada el 31 de julio de 2020, en la contraportada del semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]
…en una época convulsa”. Cuentan que es lo que Adán le decía a Eva, mientras eran expulsados del paraíso. Una historia viejuna, casi tanto como el hombre, aunque la cita no lo sea tanto pues data de principios del siglo XX y se le atribuye a William Ralph Inge, un conocido defensor de los derechos de los animales y reconocido teólogo británico, aunque por razones obvias, dudo muy mucho que el buen hombre estuviera allí para oírlas (¿Qué le dijo Adán a Eva mientras abandonaban el paraíso?) Pero lo cierto es que bien pudieran ser éstas las palabras con las que nuestro supuesto primer padre, advirtiera a nuestra primera supuesta madre, a propósito de lo que se nos venía encima como animales racionales.
Unos tiempos de tribulación intelectual en los que como seres pensantes, no tardamos en hacernos ciertas preguntas incómodas, al menos para algunos: ¿Es cierto que fuimos creados de forma expresa por Dios? ¿Cuenta nuestro mundo con, tan sólo, poco más de cuatro mil años de edad? ¿Tenían ombligo Eva y Adán? Son cuestiones de calado con rango de categoría, bajo cuyas respuestas subyace un interesante dilema que, aún en los albores del XXI perdura. El que surge de enfrentar dos hechos, creación y evolución, y los dos pensamientos que las sustentan, creacionismo y evolucionismo. De un lado una doctrina bíblica según la cual la Tierra fue creada hace unos pocos miles de años a través de un acto divino, una credulidad que se ha demostrado errada, luego el creacionismo, además de equivocado, no es ciencia. Del otro una teoría de la evolución, un cuerpo de conocimientos basado en el mecanismo de la selección natural, que está sólidamente fundamentado desde el punto de vista científico. Es decir, el evolucionismo sí es ciencia cierta. De modo que una y otra, doctrina crédula y teoría científica, no están en el mismo plano de racionalidad por lo que no se pueden ni deben comparar. No es justo ni para una ni para otra.
Además, como argumentos, la prueba de algo y la fe en algo son planteamientos excluyentes ya que o lo demuestro o lo creo. No, ciencia y creencia suelen ser malas compañeras del viaje racional, por lo que no deben estar juntas. Sólo cuando acabe una, debe empezar la otra. Como tampoco está en el mismo nivel de racionalidad su nueva cara que nos quieren ofrecer, y a la que han dado en llamar creacionismo científico, un error en el fondo y en la forma. En el fondo, porque es el mismo viejo creacionismo, sólo que revestido de un supuesto barniz científico, en realidad falsa ciencia pues debajo subyace una idea pseudocientífica, el diseño inteligente. En la forma, porque se trata de una expresión poco afortunada, si se fija es un oxímoron pseudocientífico (¿Qué es un oxímoron científico?)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


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