(Continuación) Una creatividad en situaciones ridículas donde se tratan temas tan serios como la ciencia, la tecnología o, por qué no, el espionaje. A estas alturas ya, no le destripo nada si le menciono “ingenios” y “aplicaciones absurdas” como: el Disparador de Cañones-El Súper-Lanzador; el Súper-Bote-Chupatinta; el Insecto Cucaracha; o la Píldora de la Inversión-Píldora de la Inteligencia.
Todos ellos ‘gadgets’ imposibles y de lo más chapuceros
que, lejos de resolver nada, terminan convirtiéndolo todo en un hilarante
desastre, ahí está parte de la clave del humor de Ibáñez. Los susodichos
artilugios son el motor de arrastre de la trama gracias a un diseño
excesivamente complejo y un pésimo, pésimo, mal funcionamiento.
Ellos son una de las fuentes principales de la comedia viñetera que nos trae, contando por supuesto con los nombres de las archienemigas agencias conocidas como CUERNO (Centro de Utensilios Extraño-Raros Nefasto Ofensivos) o MALA (Mafiosos Armados Ligeramente Atolondrados) que no le cité en la entrega anterior.
Jefe, científico, secretarias y agentes secretos
Pero no son los únicos a través de los cuales su
autor refleja la incompetencia de la agencia y genera ese caos tan habitual de
sus aventuras, no, están otros personajes como: el Superintendente Vicente, ‘Super’; Saturnino Bacterio, ‘profesor Bacterio’; las secretarias Ofelia
(la obesa) e Irma (la sexy).
Y por supuesto todo el elenco de agentes secretos
que resultaría prolijo de nombrar, pero de los que la mayoría tienen nombre que
acaba en “ez”, ya sabe: agente Pitórrez (pitorreo), agente Pulgarcítez
(pequeño), agente Delgádez (delgado) o agente Bestiájez (bestia).
Mención aparte de los más importantes, claro, los superagentes Mortadelo y Filemón, casi con toda probabilidad los personajes más icónicos del tebeo español y que nacieron en 1958 dentro de las páginas de la revista ‘Pulgarcito’.
En principio eran dos detectives privados, a modo de
gráfica parodia de los “doylianos” Sherlock Holmes y Watson,
cuyas primeras historias fueron en blanco y negro y ocupaban solo una página;
con el tiempo todo fue mejorando hasta que devino el primer álbum de 1969, ‘El
sulfato atómico’.
Adenda cultureta
Por cierto, se trata del mismo año en el que tiene
lugar el primer hollamiento lunar -sin cordón umbilical que les aportara oxígeno
(O2), electricidad, comunicación verbal y seguridad- a cargo de
los astronautas estadounidenses N. Armstrong y B. Aldrin
en la misión Apolo 11 de la NASA.
A propósito lunero, el pasado martes nos desayunábamos con el documento Estudio Fundación BBVA. Cultura Científica en España, enero 2026, donde podemos leer algo al respecto. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva,
si desean ampliar información sobre ellas.




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