[Esta entrada apareció publicada el 26 de diciembre de 2025, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]
Por los datos que tenemos acerca de su frecuencia de aparición, visibilidad, altura, duración, fugacidad, conocidos fenómenos cósmicos como estrellas fugaces, bólidos celestes, eclipses, planetas, el Sol o la misma Luna, resultan ser hipótesis astronómicas poco probables, así que descartados.
Como inviable es también la del OVNI, tanto en
su acepción “magufa” más antañona, como en la recientísima del cometa
interestelar 3I/ATLAS, que ni es un objeto diseñado por alguna
inteligencia extraterrestre, ni tampoco la Estrella de Belén. Una especulación
por tanto inapropiada para esta columna, aunque ya sabe que “Donde la
especulación es la regla, el infinito es el límite” de modo que,
precaución. Bien, ¿y qué pudo ser entonces?
Para empezar, un cometa. Sin duda el candidato socio-cultural perfecto para la mayoría de las personas, un objeto con cinco o seis puntas seguido de una cola con varias terminaciones filamentosas que no falta en ningún belén o árbol de navidad que se precie. De acuerdo, pero, ¿es correcto desde el punto de vista científico? Pues mire usted por donde no es un mal candidato, sus características astronómicas son parecidas a lo que cuenta Mateo que hizo la Estrella ¿Deberíamos, entonces, hablar del Cometa de Belén y asunto resuelto?
No, mi consejo es que mejor no lo haga ya que no
tenemos constancia documentada de ningún cometa alrededor de las fechas del
nacimiento de Jesús; sólo en el año 12 a. C. fue visto uno en la constelación
de Capricornio, de agosto a octubre, por desgracia demasiado pronto para
nuestros intereses navideños.
Por cierto, ya de la que va, se trataba del cometa Halley, el mismo que vio en 1301 Giotto de Bondone y plasmó en su cuadro Adoración de los Reyes Magos, 1305; es al que debemos la popular y extendida visión comética de la Estrella, así que no, en puridad, lo que se vio no pudo ser un cometa, aunque no faltan otros candidatos celestes.
Por ejemplo, una nova. Una especie de
cataclismo astronómico que se da en los sistemas binarios cuando una de
las estrellas, la enana blanca, captura materia gaseosa de su compañera,
la gigante roja, desencadenándose así una reacción termonuclear
que hace brillar al sistema como cientos de miles de soles. (Continuará)
Paz en la Tierra a los
hombres de buena voluntad
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
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