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(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

miércoles, 9 de octubre de 2019

Circunnavegación, Baratillo y Biodramina

(Continuación) La que corona la pequeña capilla es la misma cruz de forja que sobre una peana de ladrillos se colocó en 1649, presidiendo el multitudinario enterramiento de las víctimas de la gravísima epidemia de peste de ese año. Una cruz de hierro a la que vecinos del barrio rezaban por los difuntos y le daban culto, alumbrándola con velas y faroles y adornándola con flores, que con el tiempo fue origen al parecer de la actual Hermandad del Baratillo, cuyas primeras reglas se aprobaron en 1693 convirtiéndose dos siglos después, en 1893, en hermandad de penitencia.
Y esta es la tercera historia o referencia asociada al monumento, ahora de naturaleza cofradiera dado que explica el motivo fundacional de la Hermandad del Baratillo, de la que les escribía al principio en una especie “tres en uno”.
Ya saben, ese juego de palabras que a los que tenemos ya una edad nos rememora el famoso spray 'Arreglatodo', si bien les he de confesar que el de este enrocado no pretende arreglar nada, aunque sí abordar tres aspectos de un mismo asunto.
Monumento de la ‘biodramina’
Una terna (marinera, necrológica y cofradiera) que el pueblo sevillano ha convertido en cuarteto, como las caras que tiene el prisma del monumento, y es que han de saber que, al poco de inaugurarlo, a la gente le dio por llamarlo el “monumento de la biodramina”, como lo lee. Sí, marchando una de ‘guasa sevillana’.
Cuentan que al parecer, en los primeros días de los hechos, a una señora que por allí pasaba le dio por leer la leyenda completa, para así enterarse de por qué estaba allí el marmóreo monolito y claro, tuvo que darle seis revueltas por lo que al acabar y no falta de razón espetó: “Pues no que parece que una va en el barco dando vueltas”.
Una afirmación que completó con: “Vamos que hay que tomar biodramina para leerse toda la explicación”. Y concluir: “Una termina mareá”. Lo dicho. el monumento de la biodramina, el popular medicamento que tomamos para combatir el mareo que nos produce viajar y del que, ya de la que va, si me lo permiten les voy a dar unas pinceladas científicas al sevillano modo.
Acerca de la Biodramina
Es el archi conocido nombre que tiene este fármaco en España, desde que fuera comercializado en 1952, si bien fue el boom del Seat 600 y la llegada masiva de los coches a nuestro país, los detonantes que lo convirtieron en un fármaco estrella, allá por la década de los 60.
Desde el punto de vista químico se trata de una mezcla de, básicamente, tres compuestos químicos: dimenhidrinato, clorhidrato de piridoxina y algo de cafeína para contrarrestar el sueño provocado por los otros ingredientes activos.
El dimenhidrinato es un derivado de la difenhidramina y de la 8-cloroteofilina, siendo el primero en un porcentaje del 55%, la parte activa del medicamento que actúa como antiemético para prevenir y tratar las náuseas y vómitos asociadas a los viajes en coche, barco o avión. Lo que se dice por tierra, mar y aire.
Pero en realidad las sustancias bioquímicas contra el mareo fueron descubiertas algunos años en los Estados Unidos, pues los soldados que iban a combatir en Normandía ya llevaban este principio activo para evitar marearse durante el viaje. Pero es ya otra historia y ésta acaba aquí.
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