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(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

lunes, 7 de octubre de 2019

Propina. Origen y significados (y 2)

(Continuación) Una costumbre de los señores que se podia interpretar bien como un gesto de buena voluntad, o bien como una humillación, recuerdo y advertencia a los vasallos de quién estaba al mando. Una cuestión de perspectiva, claro.
Un siglo después, en la Inglaterra del XVI, se empezó a poner de moda que los huéspedes invitados de una casa, dejaran dinero para los sirvientes de sus anfitriones, en señal de agradecimiento por las horas extras que debían trabajar a causa de su presencia. Un gesto de buena voluntad que, pasado un tiempo, los sirvientes consideraron debía ser un acto obligatorio de los señores invitados, por lo que no dudaban en quejarse en caso de no recibirlo.
Otra cuestión de perspectiva por la que, ni que decirles tengo, la nobleza y la aristocracia intentaron abolir por ley esta costumbre, lo que motivó que en Londres se produjeran disturbios. Les hablo de 1764. Y no les canso.
Con el avance del comercio y ya a mediados del siglo XIX, los estadounidenses que visitaban Europa acostumbraban a dejar propina con la intención de demostrar que tenían una educación refinada, aunque a nadie escapa que el gesto seguía siendo interpretable por una y otra parte. Y así hasta llegar al actual Diccionario de la Lengua Española (DLE) con sus dos primeras acepciones: “Agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio”, “Gratificación pequeña con que se recompensa un servicio eventual”. Ya ven por dónde van los expertos de la cosa.
“…y ninguna era buena, tres eran tres. Julia, Paloma y Elena”.
Así continuaban cantando a inicios de la década de los setenta el dúo Vainica Doble, completando el conocido refrán con el que, cargado de cierta connotación peyorativa, se suele aludir a aquellas personas que intervienen sin brillantez en un mismo oficio u ocupacion, ya ven cómo de profundo y por dónde va un servidor de ustedes. Pero yendo a lo que iba, la canción Tres eran tres las hijas de Elena, compuesta en 1972 por María del Carmen Santonja y Gloria Aerssen fue la sintonía de cabecera de la serie televisiva, escrita y dirigida por Jaime de Armiñán y emitida por Televisión Española en la temporada 1972-1973, de título ‘Tres eran tres’.

Una canción popular española de origen desconocido, aunque no faltan quienes la remontan a la misma Edad Media y la relacionan con una historia que habla de tres prostitutas en un sentido bien distinto al de refrán. Un asunto oscuro, poco claro y confuso. Verán. Por un lado, y según un romance anónimo, las susodichas serían la viuda e hijas de un empobrecido hidalgo castellano y cristiano viejo que, asentadas en Granada, por necesidad tuvieron que dedicarse a estos menesteres. Estas cosas pasan.
Pero ciertos hallazgos arqueológicos encontrados parecen ir en sentido contrario pues, entre los cadáveres hay no solo afeites, alhajas y perfumes típicos de las moras sino que algunas prendas llevan bordadas las letras A, F y M, iniciales de Axa, Fátima y Marién, unas famosas y conocidas cortesanas de la corte nazarí. Estas cosas pasan también (¿Continuará?)
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