(Continuación) Ya de la que va, Jovellanos, de quien destacaremos sus escritos sobre el desarrollo económico y cultural del país (educación, ciencias, artes), al igual que Olavide, también conoció la cárcel y el destierro y tiene una calle no muy lejos de la del criollo, a penas a cinco minutos andando.
“Si
difícil es conocerla, más difícil es gobernarla”
El panorama de la Sevilla a la que llega en la segunda
mitad del siglo XVIII como Asistente, es el de una ciudad estancada en el
tiempo, el espacio y su población; lejos quedan ya la llegada de barcos
cargados de riqueza y los brillantes siglos de Oro, ahora los sevillanos no
tienen otra que empezar a recuperarse como pueden de sus delirios de grandeza.
Algo nada fácil. Primero por su más que menguada población por las sucesivas
epidemias, a lo que habría que añadir los anteriores y desastrosos efectos del terremoto
de 1755 conocido como de Lisboa.
Después porque la ciudad aún conservaba una red viaria de estrechas y tortuosas calles en su mayor parte, que era prácticamente la misma de la ciudad islámica y tardo medieval, con los consiguientes problemas que dicho trazado y antigüedad suponían. Y ni que decirle de las penosas condiciones de salubridad, el mal estado de la mayoría de casas y edificios o que el espacio intramuros se estaba quedando pequeño y empezaban a apretar las costuras de sus murallas. En fin.
Para resolver o al menos paliar estos problemas, a su
llegada Olavide ofrece a las personalidades y autoridades de la ciudad
una serie de iniciativas ilustradas que si bien son recibidas inicialmente con
cierta expectación, poco a poco ésta se va tornando en reticencias o, incluso,
en enfrentamientos más o menos solapados.
El motivo ya se lo puede imaginar. Aunque todos los
estamentos desean la mejora de la ciudad, cada uno de ellos busca su propio
interés y no quiere que los inevitables cambios se hagan a costa de sus propios
privilegios, sino que los mejoren, de modo que las iniciativas de Don Pablo
encuentran la oposición de todos.
Desde la aristocracia y el ayuntamiento, hasta los propietarios civiles, los diferentes gremios y la propia iglesia, pasando por el mundo de las artes y la universidad; no, no parece que fueran vistas con buenos ojos por la ciudad. Y no es que fueran unas reformas, digamos, revolucionarias, no, más bien eran ilustradas pero el caso es que así fueron las cosas y casi desde el principio su gestión encontró resistencia, en ese sentido su frase al respecto de la respuesta de la ciudad, “Si difícil es conocerla, más difícil es gobernarla”.
Algunas
de sus aportaciones
La controvertida e ilustrada actuación de Olavide
en Sevilla, por otra parte nada nuevo bajo el sol, ya vamos conociendo al
hombre siempre envuelto en la polémica, se extendió a no pocos de los ámbitos y
esferas de la ciudad. (Continuará)
[**] El
original de esta entrada fue publicado el 13 de abril de 2026, en la sección DE
CIENCIA POR SEVILLA, del diario digital Sevilla Actualidad.
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