(Continuación) Ya que le he parodiado la ausencia de base científica de la homeopatía -promovida por ciertos “vendedores de humo”, cuando no “ganapanes” que montan su tenderete alrededor de la ignorancia y desgracia humanas- justo es que ponga negro sobre blanco al menos un extracto de su “ciencia”.
Lo que han dado en llamar los principios fundamentales de
la homeopatía, un método pseudo terapéutico desarrollado por el médico alemán Samuel
Hahnemann en 1796, doscientos treinta años ya, y que a saber son tres, sí, como
las hijas de Elena y ya sabe lo que se dice de ellas.
“Tres eran tres las hijas de Elena, tres eran tres y
ninguna era buena”. Pues eso tres eran tres: ellas, las hijas, Axa, Fátima y Marién; y ellos, los que nos traen, los suspectos principios
de la similitud, las dosis mínimas y la individualización. Tal para cual.
1. Postulado
de la Similitud (Similia Similibus Curentur)
O de los semejantes. Una idea trasnochada del medioevo que establece que una sustancia que causa síntomas en una persona sana puede usarse para tratar esos mismos síntomas en una persona enferma y de ahí su slogan, “lo similar se cura con lo similar”.
Vamos, que si una sustancia causa fiebre en una persona
sana ésta misma se podría utilizar para tratar con ella la fiebre en una
persona enferma; un postulado que, ni que decir tengo, la ciencia médica y la
farmacología básica descarta por absoluta falta de evidencia científica.
Tanto la comunidad médica como las agencias de salud, entre
ellas AEMPS, concluyen que la homeopatía no supera la eficacia de
un placebo. Es falso de toda falsedad que existan ensayos clínicos rigurosos
que demuestren que esta ocurrencia cure enfermedades reales.
Mientras esta falsa terapia asume que administrar pequeñas dosis de un tóxico (como el arsénico o el veneno de abeja) “engaña”, “imita” o “estimula” al cuerpo para sanar, la medicina moderna demuestra que la curación sólo proviene al bloquear o neutralizar bioquímicamente el agente causante de la enfermedad. No hay más.
Homeopatía versus vacuna: Similitud
En cualquier caso la ignara comparación homeopática está
servida -su ocurrencia de la similitud (lo que causa un síntoma, puede curarlo)
parece que tiene el mismo fundamento y funcionamiento que las vacunas
(con las que se inyecta una versión atenuada del virus para generar inmunidad),
y no hay duda de que éstas funcionan, salvan vidas-, ergo.
Ya, dicho así, parece que son lo mismo, lo malo es
que solo lo parece pues no es cierto, entre ellas existen diferencias
fundamentales en lo relativo a las evidencias científicas aportadas, sus dosis y
concentraciones y los mecanismos biológicos de acción. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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