(Continuación) Ya me dirá usted el efecto dulce que notará en boca al tragar unas gotas de la misma, no ya del mar sino de la piscina. Exacto, ninguno, nada de nada. Y no le digo si es un preparado 12CH, obtenido al disolver una (1) parte de la sustancia original con noventa y nueve (99) partes de disolvente y repetir el proceso hasta doce (12) veces consecutivas.
Sin ir más lejos, la misma química y matemáticas
escolares nos enseñan y demuestran que es imposible de toda imposibilidad que quede
una sola molécula del ingrediente original en el preparado. Ya ve como avanza
la ciencia.
Entre la
ignorancia y el engaño
Así que no existe, no puede existir, ninguna relación de causa-efecto entre el producto homeopático que tomamos y el efecto terapéutico que le suponen. No, al no quedar nada de la sustancia original en el mismo. Y lo mejor (o lo peor, vaya usted a saber) de todo esto es que se sabe desde comienzos del siglo XIX y se estudia en la ciencia bachillera desde el XX, ¿entonces por qué insisten?
Sin la menor duda se trata de una falsa terapia, una pseudo
medicina, una aciencia y una estafa más de las muchas que pululan por motivos
bastardos y espurios, a mano de algunos ganapanes que viven de explotar la
ignorancia, la necesidad y el dolor humano.
Por si quiere una inmersión rápida sobre estos y otros
aspectos puede buscar en el blog utilizando palabras clave como “Avogadro”,
“homeopatía”, “seudoterapia” o “Hahnemann” entre otras; por mi parte continuo,
completando en cierto modo la información científica del estudio homeopático.
Principio
de Avogadro, 1811
En concreto su límite físico existencial que nos demuestra que, teóricamente, a partir de la dilución 12CH o, experimentalmente, de la 7CH, la concentración de la sustancia original es tan baja que es muy, muy, probable que no quede ninguna molécula del principio activo en la solución.
No puede haberla al superar el valor de su concentración
(del orden de 10-24) el del número de Avogadro (6,02·1023
moléculas/mol) que aparece en la ley homónima que dio a conocer en su trabajo Essai
d'une manière de déterminer les masses relatives des molécules élémentaires des
corps (“Ensayo sobre un método para determinar las masas relativas de las
moléculas elementales de los cuerpos”).
El mismo con el que sentó las bases para diferenciar
átomos y moléculas, permitiendo determinar así las masas moleculares/molares, y
publica el 14 de julio de 1811, es decir, que está a punto de cumplirse su bicentésimo
decimoquinto (215.º) aniversario, que se dice pronto, pero es mucho tiempo.
Bueno, pues como si nada. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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