(Continuación) Pero es aquí donde vuelven a aparecer la gran inteligencia de Olavide y sus enormes aspiraciones sociales y económicas, que tuvieron mucho que ver en ese punto de inflexión que experimentó su inicial poco afortunada llegada a Madrid.
Un matrimonio
ventajoso (1755) e ingreso en una Orden Militar (1756)
En concreto dos actuaciones de lo más apropiadas para sus intereses, un par de compromisos sociales que adquirió de forma interesada: uno de ellos, el primero, de naturaleza matrimonial; el otro fue el ingreso en una Orden Militar; y ambos, sin duda alguna, por mera conveniencia personal. Veamos.
Resulta que mientras estuvo en libertad vigilada en Leganés conoció e
intimó con una acaudalada viuda, Isabel de los Rios, quien, aun antes de unirse
sacramentalmente (1755) ya le hizo donación ante notario de toda su fortuna:
dinero, inmuebles en Madrid y bienes muebles (ropa, tapicería, vajilla y
cuadros).
Ella tenía cincuenta años y llevaba un año viuda, él treinta y andaba escaso de dinero y reconocimiento social, el resto todo un clásico de ayer, hoy y siempre. Ni que decirle tengo que con la unión empezó a cambiar, y de forma radical, el destino de Olavide. Gracias a la influencia y el dinero de su familia política pudo rehabilitar su más que deteriorada posición social, saldar sus cuentas económicas con la justicia y habilitarse para el desempeño de cargos públicos.
Es más, gracias al matrimonio, en marzo de 1756 era nombrado
caballero de, nada menos que, la Orden de Santiago, la más ilustre de
las órdenes militares españolas que exigía el pago de una elevada tasa de
ingreso, pero que le introducía en el mundo de las clases privilegiadas de la
Corte. Un paso que le habría de servir para sus ambiciosas pretensiones.
Al año siguiente, en mayo de 1757, lograba que se impusiera un ya perpetuo silencio a su causa y con él vino el perdón de sus actuaciones pasadas. Pero el dinero de su generosa esposa también lo empleó en seguir realizando importantes operaciones comerciales que sanearon aún más su ya desahogada posición económica, a la vez que le permitía satisfacer un deseo de juventud, el de viajar por Europa.
Viajes
al extranjero, 1757-1765
Entre estos casi ocho años realizó tres viajes por
Francia e Italia que le permitieron no solo entrar en contacto con la alta
burguesía comercial de estos países y realizar fructíferos negocios, sino que
pudo conocer a algunas de las figuras más importantes de la Ilustración
europea, llegando a ser invitado del mismo Voltaire en su finca ‘Les
Délices’, un autor por el que sintió una indisimulada admiración nunca
desmentida. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El
original de esta entrada fue publicado el 16 de marzo de 2026, en la sección DE
CIENCIA POR SEVILLA, del diario digital Sevilla Actualidad.
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