(Continuación) Y para ello abandonamos la universitaria sede en la zona sureste de la ciudad (UPO) y nos trasladamos a una más céntrica e histórica ubicación, a un palacio cuya antigüedad se remonta a la Alta Edad Media y conocemos como Real Alcázar de Sevilla, sito en el Patio de Banderas, s/n (41004) junto a la Catedral, Giralda, Archivo de Indias y Plaza del Triunfo.
Por cierto, un trio arquitectónico -Catedral,
Archivo y Alcázar- que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987y
del que hoy destacamos una zona en el último de estos edificios conocida como
Patio del Asistente del Real Alcázar donde, desde 2008, está colocada una placa de bronce -aleación o mezcla
homogénea metálica de cobre, Cu (80-90%) y estaño, Sn, (5-20%)- que el
Consulado de Perú donó a Sevilla en reconocimiento al paso del limeño por
dichas dependencias.
Una estancia durante un periodo de tiempo quizás no muy largo, esa es la verdad, pues apenas fueron nueve años, pero un homenaje y en un lugar más que justificado por su vida y obra ya que Olavide, en lo que atañe a los intereses que aquí nos traen, fue una figura muy reseñable en la historia de Sevilla, donde ejerció una gran influencia tanto urbanística como sanitaria, cultural, intelectual, social y universitaria.
Pero una vez aquí, en el tercero ya de los
reconocimientos de esta saga olavidense, tras la calle y la universidad, mejor
será que no adelantemos acontecimientos, que orden piden las cosas y asuntos de
nuestro ilustrado.
Segunda
llegada a Sevilla, 1767. Casa del Asistente
A quien dejé en la anterior entrega llegando a la ciudad en unas circunstancias bien diferentes a las de la primera de 1752 -entonces con apenas veintisiete años de edad, huyendo de la miseria y el descrédito que dejó en Perú-, y ahora, por el contrario, con cuarenta y dos y ostentando altos cargos entre ellos el del de Asistente de Sevilla.
Una especie de alcalde con poderes judiciales y que
representaba además al rey en la ciudad que gobernó desde 1767 a 1776. Toda una
alta autoridad por lo que se alojó en una vivienda, Casa del Asistente, que la
corona otorgaba a dicho cargo y se distribuía alrededor del conocido como Patio
del Asistente; un espacio arquitectónico del siglo XVII que Olavide
pronto convirtió en centro de reuniones literarias y sociales de la ciudad.
Donde se organizaban tertulias sobre variados temas,
daban conciertos o hacían lecturas teatrales, todo ello muy al gusto de las
organizadas por los ilustrados franceses y que llegó a ser una de las más
célebres tertulias literarias españolas de fines del setecientos. No le digo
más. Un lugar al que solía acudir su amigo el ilustrado gijonés Gaspar
Melchor de Jovellanos (1744-1811), cuya obra literaria se vio influenciada
por el ambiente del mismo. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue
publicado el 13 de abril de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA,
del diario digital Sevilla Actualidad.
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