(Continuación) Parece ser que empezó por utilizar parte del patrimonio de los muertos para llevar a cabo “obras impías”, entiéndase, por ejemplo, el levantamiento del primer teatro de la capital peruana, lo que no se puede decir que sentara bien a las clases populares, tan necesitadas como siempre si no más en estas circunstancias.
Un mal asunto éste al que se unieron otras acusaciones como cierta malversación de caudales, la ocultación de la herencia paterna y unas deudas impagadas. En fin, que sí, todo apunta a que, si bien era una persona muy eficaz en su trabajo, éste no siempre se ajustaba a las normas ni seguía los procedimientos administrativos. El caso es que entre unas y otras terminaron por provocar su destierro de Lima, teniendo que embarcar con destino a España en septiembre de 1750, a fin de defender su conducta ante las autoridades del Consejo de Indias; contaba con apenas 25 años de edad.
Llegada
a España, 1752. Procesos judiciales
Su larga singladura marítima naturalmente tuvo varias escalas en puertos de la costa sudamericana, que él aprovechó para realizar negocios no siempre legales, llegando a Cádiz casi dos años después de su partida, en junio de 1752, y desde donde pasó a Sevilla y Madrid con cartas de recomendación de su “íntimo amigo” el marqués de la Cañada, unido a él, sin duda, por lazos comerciales.
Y en la capital, debido a las numerosas y graves
irregularidades de las que fue acusado, se le interrogó y condenó a arresto
domiciliario, se le confiscaron todos sus bienes y documentación terminando por
ser encarcelado en 1754 si bien, al poco tiempo, era puesto en libertad
condicional por razones de salud (1755). A la vez, y por circunstancias poco
claras, se determinaba imponer en principio un velado silencio a su causa
judicial, aunque, eso sí, manteniéndose la confiscación de sus posesiones.
Una suspecta forma de cerrar su andadura americana, con más oscuros que claros, que, si bien casi le libraba de sus causas con la justicia, le dejaron sin ningún recurso económico, conexión social de relevancia, ni posibilidad de ejercer un cargo público de privilegio. Un mal asunto. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva,
si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue
publicado el 16 de marzo de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA,
del diario digital Sevilla Actualidad.
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