(Continuación) De la eficacia curativa de este método de vía seca da también testimonio su discípulo Pedro Ponce de León, que estuvo cuatro años de aprendizaje con él y tiempo durante el cual afirmó verle curar con su método a más de tres mil heridos en la ciudad; echen las cuentas, hablamos de Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI.
Otras
prevenciones médicas
Muy taxativo se mostró también nuestro sevillano en
relación con las heridas en la cabeza: “Que no use de instrumentos
ferrales para uso de la cabeza, como legra ni taladro, ni levantador; pues hay
medicinas enemas y capitales para curar sin instrumentos toda herida de cabeza”.
Sí, no era muy partidario de prácticas como la trepanación y el legrado en las heridas y fracturas de cráneo. Igualmente, como médico, presta una especial atención a la peste, y es el único español de su época junto a Andrés Alcázar que considera a esta enfermedad como la más mortífera de todas, asociando su origen, sorprendentemente, a la corrupción atmosférica.
De ahí que para preservar y curar recomendara recurrir a
“los buenos olores”, es decir a perfumar el aire que se respiraba. Ah, una
sorprendente actitud en su defensa del método de “la vía seca”, frente
al llamado de “la pus loable”, para el tratamiento de las heridas por
arma blanca: utilizó una herramienta nunca empleada en estos menesteres, la
rama matemática de la estadística, qué me dice, tercer tercio del siglo
XVI.
Estadística
médica y hospitalaria
Una incipiente sin duda estadística médica y hospitalaria a la que, con proverbial visión de futuro, recurre el sevillano a fin de validar que su vía particular de curación era más efectiva que la que hasta entonces utilizaban de forma generalizada los cirujanos.
Y a fe que lo consigue pues en un año de uso del método,
la mortalidad de los enfermos intervenidos por él en el Hospital del Cardenal
de Sevilla solo llegaba al tres por ciento (3 %), y en el caso de heridas de la
cabeza fue mucho menor; mientras, los atendidos según la “vía común”
superaban el cincuenta por ciento (50 %) “se halla mayor número de los
muertos que de los vivos”.
Tendría que revisarlo bibliográficamente, pero quizás
estemos ante uno de los más tempraneros iniciadores de la estadística médica,
ahí lo dejo; lo digo porque, formalmente, la estadística médica arrancó a
mediados del siglo XVII (1660-1662) con John Graunt, quien analizó datos
de mortalidad en Londres para identificar patrones de enfermedades. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue publicado el 23
de febrero de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA, del diario digital Sevilla Actualidad.
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