(Continuación) Bueno pues ya sabemos por qué era un avalado médico y cirujano, muy popular entre los duelistas sevillanos del Siglo de Oro, donde la espada ropera se desenvainaba con algo más que relativa frecuencia.
Bartolomé
Hidalgo de Agüero (1530-1597)
De nuestro sevillano -que nació, estudió, vivió, ejerció
profesionalmente, murió y está enterrado en la ciudad- sabemos que toda su vida
profesional giró en torno al hospital de San Hermenegildo, más conocido
popularmente como el hospital del Cardenal.
Y que perteneció a la segunda generación de cirujanos
españoles del período renacentista formados en el galenismo humanista,
buenos clínicos e innovadores en su acción quirúrgica, que conocieron de
primera mano el alcance de la reforma vesaliana.
Un hombre de su tiempo, tradicionalista a la vez que innovador, que utiliza su propia experiencia para mostrar la idoneidad de su revolucionario método curativo de las heridas -aunque en su opinión ya había sido utilizado con éxito por el mismo Galeno-, conocido entre otros nombres como tratamiento “limpio y seco” en las heridas de arma blanca.
Un pionero en la también denominada práctica de cicatrización
“por primera intención”, que sin lugar a dudas acortaba
extraordinariamente la recuperación del enfermo y en la que Hidalgo de
Agüero alcanzó gran fama en toda España y Europa. Un magnífico hallazgo
quirúrgico que respondía a diferentes nombres.
“Método
de la vía seca o desecante”
Innovadora técnica curativa que limpiaba las heridas, unía sus bordes, aplicaba secantes no emolientes, y las ponía a cubierto del aire con vendajes; es decir, una práctica diametralmente opuesta a la común en esos tiempos, mucho más intervencionista y conocida como de la doctrina del “pus loable”, consistente en recurrir a procedimientos húmedos que favorecieran la aparición de dicho pus loable, y al recurso de “hierros” posteriores para curar la herida.
De la bondad del método de Hidalgo nos habla su yerno, el
también doctor Ximénez Guillén, “sin comparación es mejor, más
cierta, más segura, más limpia, más suave, más fácil, más breve, menos penosa,
y menos costosa que la común, que se practicaba en esta ciudad de Sevilla”,
a la vez que celebra su eficacia: “Antes de que se introdujera [...] este
nuevo modo de curar, duraba la cura de una herida penetrante muchos meses y por
la mayor parte morían casi todos: y si alguno como por milagro quedaba con la
vida, a mejor librar escapaba tísico. Ahora se curan dentro de siete días o en
once, y a lo más largo en catorce”. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue publicado el 16
de febrero de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA, del diario digital Sevilla Actualidad.
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