domingo, 5 de abril de 2026

‘Voyager I’. Día-luz [CR-350]

[Esta entrada apareció publicada el 20 de febrero de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]

Me despedía la semana pasada expresando un deseo, el de un par de manitas de meses como esperanza de vida para la cuasi cincuentona sonda porque, de ser así y cumplirse, lo más probable es que vuelva a ser protagonista de otro hito astronáutico histórico (¿qué no es histórico?). 

Uno que está más allá de haber llegado y operado en esa turbulenta zona de frontera que llamamos “muro de fuego”, sin duda todo un logro de la exploración espacial, porque es más que probable que en noviembre de 2026 la ‘Voyager 1’ llegue a una distancia de la Tierra igual a lo que conocemos como un día-luz, o lo que es lo mismo, a 25 902 068 371 km, el trayecto recorrido por la luz en el vacío a lo largo de un día de veinticuatro horas, que será entonces la mayor nunca lograda, volviendo a ser el primer objeto humano más alejado y, naturalmente, planteando una cierta inconveniencia temporal en la comunicación.

Piense que a esa distancia el intercambio de mensajes se producirá con un retraso de al menos dos días, uno para llegar de la sonda al planeta y otro para hacer el camino de vuelta. Eso al menos. Como recordará de los tiempos bachilleres, por su valor, el día-luz es una unidad de longitud astronómica adecuada para medir, por ejemplo, distancias dentro de la nube de Oort o el alcance de las sondas espaciales más alejadas como es el caso que nos trae. 

Pero mientras esa nueva fecha llega, una doblemente atenta lectora, de periódico y blog, me recuerda otro hito de la “primera viajera” que tuvo lugar el siglo pasado, quedó inmortalizado en una icónica fotografía y del que acabamos de celebrar su trigésimo sexto (36.º) aniversario. Me refiero claro a Pale Blue Dot (“Un punto azul pálido”), la imagen de la Tierra tomada el 14 de febrero de 1990 por la sonda Voyager 1 desde una distancia récord entonces de 6 000 000 000 km.

Acababa de salir del sistema solar y se hizo a propuesta del astrónomo Carl Sagan (1934-1996), quien insistió en que la nave girara su cámara para capturar esta última vista del planeta, nuestro hogar. La misma que nos lo muestra tal cual es, nada más que una insignificancia cósmica, una mota de luz casi imperceptible por el fulgor del Sol que, dicho sea de paso, tampoco es nada del otro mundo y perdone el vulgarismo. 

Seleccionada en 2002 por Space.com como una de las diez mejores fotos científicas del espacio de la historia, su nombre aparece en el título del popular libro del neoyorquino, ‘Un Punto Azul Pálido: Una Visión del Futuro Humano en el Espacio’, publicado en 1994 e inspirado en la misma. ‘Somos polvo de estrellas’.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

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