(Continuación) Además de los errores en la tildación de los que le escribía en los finales agosteños pasados, por desgracia y en no pocos textos actuales abundan o, por decirlo de otra forma, para nada escasean, otros desaciertos relacionados con un: desliz en la conjugación (uso incorrecto de la forma verbal); confusión de letras (intercambiar “b” y “v” o “y” y “ll”).
Descuido en la concordancia (en número o género,
verbo y sujeto); extravío de palabras; despiste en la puntuación (uso incorrecto de los signos de puntuación; y algunos más que seguro se
le estarán ocurriendo. No hay más que echar un ojo a ciertos anuncios, cartas
comerciales y correos electrónicos o leer algún que otro periódico, revista,
titular de televisión e, incluso, determinados artículos especializados y,
claro está, libros.
Unos errores que no pocas veces se excusan con un argumentario que incluyen frases del tipo, “La ortografía y la gramática están anticuadas, ahora no hablamos ni escribimos así” o “No me gustan las normas, ahogan mi libertad y mi creatividad”. Sí, estulticia con pretensiones, por lo que lo dejo ahí y, sin más, nos metemos en faena ejemplificándoselos en un “par de manitas” de apartados.
“Haber” y “a ver”
Empiezo con un clásico que sigue dando guerra y se
presenta en palabras o expresiones homófonas que, al pronunciarse igual pero
escribirse de forma distinta, conviene diferenciar. Según el diccionario de la RAE,
Real Academia Española, la primera de ellas, haber, se utiliza como auxiliar del propio verbo en tiempos compuestos (“Ha
llegado”), como verbo impersonal (“Hay que ir”), o como sustantivo,
en la acepción de “hacienda, caudal, conjunto de bienes y derechos
pertenecientes a una persona natural o jurídica”.
Y según la misma fuente académica el segundo, la expresión a ver, la utilizamos: en tono interrogativo para mostrar curiosidad (“A ver qué chulo te quedó”); cuando pedimos permiso o solicitamos que nos deje ver o comprobar algo, (“¿A ver, me dejas?”); para llamar la atención (“A ver, ¿lo has entendido?”); cuando mostramos aceptación (“A ver, claro, ¡cómo no lo voy a entender!”); o en sustitución de “claro” y “naturalmente”, delante de una oración que expresa expectación, curiosidad o interés a veces en forma de reto, temor o sospecha, deseo o mando.
Pero ésta es la teoría que está más o menos clara,
una cosa es querer comprobar algo (“a ver”) y otra que haya algo que
hacer (“haber”), y está bien que lo esté porque no hay duda alguna de
que es importante poder identificar los errores ortográficos; lo malo es que el
problema radica en la práctica, dado que se pronuncian de la misma forma siendo
su escritura bastante diferente, ¿cómo saber cuál es la opción correcta? (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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