(Continuación) Ese mismo año, el Cabildo municipal le nombraba asesor general del Consulado de Lima (encargado de los asuntos comerciales) durante la ausencia del titular de este cargo y en octubre el virrey, el Cabildo y la Audiencia escribían al rey de España nominándolo que fuese nombrado ministro de la Audiencia junto a un donativo de 32 000 pesos.
Una petición que fue escuchada y en 1745 el Consejo de
Indias le nombró Oidor de la Audiencia. Así que ahí lo tienen, con veinte años,
de asesor del Tribunal del Consulado y oidor de la Audiencia de Lima. Nada mal,
de hecho, quizás demasiado bien y me explico.
“Con la
mosca tras la oreja”
Es probable que la consecución de tan meteórica carrera académica y profesional, junto al encumbramiento social, le haya hecho pensar lector que, quizás, sólo quizás, a los incuestionables méritos intelectuales y académicos del jovencísimo Pablo, habría que sumar otros motivos digamos externos que ayudaran, en algo al menos, a tan, a todas luces, extraordinarios logros.
Me vienen a la cabeza, así a bote pronto y entre otros:
el alto cargo que ostentaba su padre, las indudables influencias de la alta
burguesía a la que pertenecía o la protección de los jesuitas a su antiguo
colegial. Unas circunstancias a las
que añadir las antañonas, conocidas y sempiternas venalidad de los cargos,
corrupción administrativa o arbitrariedad de la jerarquía civil y aun
eclesiástica, existente en los virreinatos americanos.
Unas deficiencias burocráticas de las que sabemos de primera mano gracias a los rigurosos informes que el marqués de la Ensenada pidió que realizaran Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que ya de la va es una pareja que están tardando en aparecer por estos predios sevillanos pues no carecen de reconocimientos en la ciudad.
Sí, es posible que el conjunto ayudara y no poco al
ascenso de nuestro joven, de ahí que, y como nada dura eternamente, tal
buenaventura se viera truncada antes que después. Y lo hizo merced a un
terrible desastre natural, el gran terremoto que asoló Lima el 28 de octubre de
1746 y que provocó la destrucción casi por completo de la ciudad.
Terremoto
de Lima, 1746. Exilio
Un desastre natural en el que falleció su padre; por el
que es nombrado administrador de los bienes de los fallecidos en la catástrofe;
y en cuyo desempeño tuvo una dudosa ejecución algo más que suspecta. Le explico
este comienzo de las desgracias. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue
publicado el 09 de marzo de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA,
del diario digital Sevilla Actualidad.
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