(Continuación) Y con su aplicación a los fenómenos de la fluorescencia Edmond abre el camino para el descubrimiento de la radioactividad natural realizada por su hijo Antoine-Henri y reconocido con el Premio Nobel de Física en 1903 que compartió con los esposos Curie, Marie y Pierre.
Con Edmond, tercero de
los hijos de Antoine Cesar, damos fin a la segunda generación familiar de
científicos Becquerel y pasamos a la tercera, protagonizada en exclusiva por Henri
gracias a su “serendípico” descubrimiento de la radiactividad natural
del que se han cumplido ahora su 130 aniversario, en concreto fue el 24 de
febrero de 1896.
Antoine Henri
Becquerel (1852-1908)
Formado inicialmente en
ingeniería, pronto conduce sus estudios hacia la física, siguiendo los pasos
familiares, en especial hacia la óptica, la polarización electromagnética, la
fosforescencia o la fluorescencia, entre otros.
No olvidemos que estos finales del XIX son una época en la que estas disciplinas viven un renacer gracias a los continuos descubrimientos que no dejan de producirse en diferentes campos, por ejemplo, los rayos X en 1895 por Wilhelm Röngten que abrieron un sinfín de posibilidades científicas.
Pues bien, justo en este
contexto es cuando Henri decide investigar las propiedades de ciertos
materiales fluorescentes, concretamente las de ciertas sales de uranio (U),
que sentaron las bases para el hallazgo de la radiactividad natural.
Un hito en la física
moderna, un antes y un después en la historia de la humanidad y uno de esos
grandes descubrimientos que ejemplifican que, a veces, estos no ocurren en
laboratorios dotados de sofisticados instrumentos o en ambientes predispuestos
para la investigación y la curiosidad. No. Nada más lejos.
El cajón, las sales y las placas fotográficas
A veces los hallazgos ocurren por casualidad, cuando nadie los espera y en los sitios más insospechados. Que fue justamente lo que le ocurrió a Henri en 1896 cuando, investigando una posible relación entre la fluorescencia de ciertos compuestos y la emisión de determinadas radiaciones, se encontró con lo que ni sospechaba que existiera: la radiactividad natural.
Campo de conocimiento con el que se abre un nuevo capítulo en la historia
de la física, se sientan las bases de la era nuclear, cambia el mundo de la
ciencia para siempre y, todo ello, de pura chiripa, sin proponérselo, lo que se
conoce como un descubrimiento por serendipia.
“De chamba”, como decíamos de
niño, pero que no por ello lo hemos de considerar menos meritorio, no olvidemos
las palabras al respecto del microbiólogo francés, ‘En los campos de la
observación, el azar favorece sólo a la mente preparada’. Pues eso. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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