martes, 13 de septiembre de 2022

Calle Arquímedes (y 2)

(Continuación) La cóclea o tornillo de Arquímedes, una máquina simple utilizada sobre todo para elevar agua y aún vigente en muchas partes del mundo. Con una finalidad lúdica podemos encontrar una reproducción en el sevillano Parque de los Descubrimientos, usted quizás lo conozca como “el del Barco Pirata”, ubicado en el Paseo de Juan Carlos junto al río Guadalquivir (41002).

Y por supuesto el polipasto que -usando el principio de la palanca, el siracusano no la inventó-permitía a los marineros para levantar objetos que, de otro modo, hubieran sido demasiado pesados para ello. Cuentan que llenó un barco con pasajeros y carga y, sin mucho esfuerzo y sólo manejando el cabezal de la polea, logró jalar el barco suavemente y en línea recta, como si ya estuviera en el mar.

También mejoró la catapulta e inventó lo que se conoce como ‘manus ferrea’ o garra de Arquímedes, que trabajaba como una grúa capaz de levantar los barcos que se acercaban para atacar la ciudad de Siracusa. 

A propósito de barcos está la leyenda de los espejos ustorios, unos suspectos e inmensos espejos metálicos cóncavos que, al reflejar y concentrar los rayos solares, conseguían incendiar los barcos. En fin, no le canso, pero quedan algunos más.

Arquímedes. Matemático

A diferencia de sus archiconocidas aportaciones físicas, las matemáticas no lo fueron tanto, una circunstancia que no ha sido óbice para que sea considerado como uno de los más grandes matemáticos de la antigüedad y, en general, de toda la historia.​

Entre otras aportaciones: elaboró un método para calcular el número pi (π) con bastante aproximación; demostró que podía calcular raíces cuadradas con gran precisión; e inventó un ingenioso sistema para expresar números grandes y largos.

Asimismo, definió la espiral que lleva su nombre, desarrolló fórmulas para los volúmenes de las superficies de revolución y pergeñó un método para determinar, con el sumatorio de una serie infinita, el área comprendida bajo el arco de una parábola.

También perfeccionó un método de integración que le permitía calcular áreas, volúmenes y áreas de las superficies de muchos cuerpos, que fue ni más ni menos que el origen al cálculo concebido sucesivamente por Kepler, Cavalieri, Fermat, Leibniz o Newton.

Estoy convencido de que, a estas alturas de la entrada, echa en falta alguna que otra conocida y reconocida anécdota y principio escolar de Arquímedes, de modo que habrá que volver sobre él, suerte que en Sevilla existe una calle Siracusa, ¿ve por dónde voy? Le dejo con él: ‘El que sabe hablar sabe también cuándo’.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

[**] El original de esta entrada fue publicado el 09 de mayo de 2022, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA, del diario digital Sevilla Actualidad.



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