El valor espera, el miedo va a buscar.

José Bergamín (1895-1983), escritor español

martes, 4 de junio de 2019

Luna llena y Semana Santa [CR-38]

Seguro que conoce el singular sucedido astronómico-religioso implícito en el titular. Siempre, durante la Semana Santa, hay una Luna llena como la que podrá disfrutar este viernes, a poco que levante la vista al cielo. Un hecho que nada tiene que ver con factores externos como la casualidad, la coincidencia o, mucho menos, con la divinidad, no, nada de eso. Si acaso lo tiene con algo más terrenal e interno, como es el interés de la propia Iglesia.
En principio, esta circunstancia es sólo fruto de un anacronismo vivo según el cual, las fechas de esta semana se rigen por la Luna y se determinan a partir del inexacto calendario judío-lunar. Una dependencia que lo reduce todo a ciencia, con bastante de mecánica celeste newtoniana por un lado, otro tanto de matemática algorítmica por otro y una pizca de creencia por estotro. A eso queda reducido tan particular suceso, al menos en este aspecto, lo que no deja de ser una paradoja.
Y la causa, ya se la habrá imaginado, se halla en ese Concilio de Nicea del que escribía la semana pasada, donde se decidió que la Pascua de Resurrección se celebrase el domingo después de la primera luna llena astronómica que siguiera al equinoccio de marzo (Hemisferio Norte). De modo que basta echar las cuentas para ver que no tiene más remedio que ser así, vamos que es de cajón.
Se trata de una cuestión celestial, sí, pero por lo que de celeste tiene y no por lo que de divino le adjudiquemos, lo que no deja de resultar curioso. Una de nuestras fiestas mayores está inexorablemente unida a una de las ciencias del espacio, o lo que es lo mismo, la Semana Santa depende de la astronomía en una especie de imperativo cósmico. Para que luego digan que las ciencias no sirven para nada. Sin embargo.
Sin embargo, en este año del Señor de 2019, resulta que el primer plenilunio se dio el pasado 21 de marzo, justo al día siguiente del equinoccio del 20 de marzo, lo que supone que el Domingo de Resurrección debería haber caído el pasado 24 de marzo y no el próximo 21 de abril, tras la segunda Luna llena del viernes 19 ¿Un error? Pues no, como les decía más arriba, el cálculo es de cajón si bien hay un matiz, un matiz religioso que nada tiene que ver con la ciencia.
Resulta que la luna llena referida en Nicea no es la astronómica sino la eclesiástica, un plenilunio ficticio definido por la Iglesia mediante unas tablas numéricas y que ocurre en o tras el 21 de marzo, nunca antes. Esa es la interesada explicación o la Pascua en su laberinto.
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] Esta entrada apareció publicada el 17 de abril de 2019, en la contraportada del semanario Viva Rota, donde también la pueden leer.

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