Los toros son la fiesta más culta que hay hoy en el mundo.

Federico García Lorca (1898-1936), escritor español

domingo, 12 de noviembre de 2017

¿Tuvieron ombligo nuestros primeros padres? (2)

(Continuación) De ahí que unos les dibujaran ombligo y otros no. A discreción. Y como les decía, esto fue así hasta que el artista renacentista se pronunció a favor de la existencia del ombligo y, como era nada menos que pintor de la capilla privada del Papa Julio II, parece ser que zanjó el asunto: “Habemus umbilicus”.
Así lo hace en su fresco Caída del Hombre, pecado original y expulsión del Paraíso de 1509, que se conserva en la Capilla Sixtina, donde nos muestra a nuestros primeros padres con ombligo y vergüenzas bien a la vista. Se trata de un fresco de gran tamaño en el que se pueden ver hasta seis figuras. En el lado izquierdo de usted, están Adán, Eva y Satanás, que en forma de serpiente hembra tientaa la hembra humana. Y en el derecho vemos a un ángel expulsándolos. En fin.
Sin embargo tras la desaparición del maestro, la discrepancia en el mundo de la pintura sobre la existencia del asunto ombliguero se restauró de nuevo. De modo que seguimos en las mismas, ¿tuvieron o no tuvieron ombligo nuestros primeros padres?
Bien. Como no hemos obtenido respuesta alguna ni desde el campo de la religión o de la creencia (primer corte carnicero), ni desde el de las artes en este caso la pintura (segundo corte carnicero), ¿qué pueden aportar las ciencias al respecto? ¿En qué nos puede ayudar este cuerpo de conocimientos?
Ombligo y biología evolutiva
Un inicio de respuesta científica la tenemos ya desde 1859, y nos llega a través del conocido libro publicado ese año, ‘El origen de las especies, por medio de la selección natural’ del naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882), donde el científico justifica la hipótesis de la evolución biológica a través del mecanismo de la selección natural.
Según su argumentario, una breve explicación para la existencia o no del ombligo podría ser la siguiente. Hubo una época en la que por ejemplo no existía el Homo sapiens y su antepasado, por poner otro ejemplo, el Homo antecesor. Unos seres homínidos parecidos es cierto, pero lo suficientemente distintos como para no considerarlos aún sapiens.
Y hete aquí que sin duda alguna, esto es algo está implícito en la propia naturaleza, en un momento dado una hembra de la especie antecesor parió un individuo modificado. Quiero decir uno mutado y mejor adaptado (no necesariamente más fuerte, “no es eso, no es eso” la evolución) a las condiciones ambientales para la lucha por la vida y la supervivencia.
En definitiva una nueva especie, nosotros mismos, el homo sapiens, que naturalmente provenían de un parto, ergo tenían ombligo. Del que les supongo al tanto y conocedores de que se trata de una de esas marcas características y esenciales en todo ser humano, salvo muy raras excepciones que constituyen una anomalía del cuerpo. Trato de decirles que, en principio, todo el mundo tiene ombligo.
Son testigos de esto que les digo, las no pocas las ciudades del mundo donde se ha podido ver una exposición de hallazgos arqueológicos, por ejemplo los de Atapuerca, el famoso yacimiento burgalés. Y entre las muestras, como no, los restos de la nueva especie humana bautizada como antecesor. (Continuará)

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