Los toros son la fiesta más culta que hay hoy en el mundo.

Federico García Lorca (1898-1936), escritor español

viernes, 24 de noviembre de 2017

¿Por qué tenemos ombligo? Biología

El hecho constatado de que, desde que nacemos, el ombligo no parezca servirnos para nada, no significa en absoluto que no nos haya servido antes. Nada más lejos de la realidad. No solo lo ha hecho sino que, además, ha desempeñando un papel vital para nosotros.
Bueno, en puridad, dicho papel no lo ha desempeñado el ombligo en sí, sino el cordón umbilical.
Cordón umbilical
En esencia no es más que un órgano alargado, flexible y delgado, que en los mamíferos placentarios une al embrión en vías de desarrollo o feto con la placenta.
Un tubo cilíndrico de aproximadamente medio metro de longitud, a través del cuál se produce el intercambio de oxígeno (O2), dióxido de carbono (CO2) y diferentes sustancias nutritivas entre la madre y el hijo.
Un hijo que, mientras se desarrolla en la barriga de la madre flota en el seno de un fluído líquido que si bien lo rodea, envuelve y protege, también le impide respirar o alimentarse por sí mismo. De ahí que el feto porte un tubo flexible o cordón en la zona de su abdomen, por el que la madre le aporta todo lo que necesita. Es nuestra inicial fuente de vida.
Una zona abdominal a la que conoceremos tras el parto como ombligo. Que etimológicamente procede del latín umbilicus, y nos indica el lugar en el que el cordón umbilical estaba unido al bebé. El mismo que al ser cortado nos deja una cicatriz, una especie de irregularidad en la piel que nos acompañará ya de por vida.
Así que por decirlo de alguna forma, el ombligo nos enseña de dónde venimos, dónde estaba el nexo de conexión con nuestra madre y que, tras nacer y ser cortado, queda como una cicatriz inútil y con formas y tamaños variados. Adios cordón, adiós. Bienvenido ombligo.
En lo que concierne a la forma, existe cierto consenso a la hora de admitir hasta siete (7) categorías formales, a saber: ombligo salido o en forma de botón; ombligo hundido o en forma de pozo; ombligo alargado; ombligo en forma de “T”; en forma de “C”; en forma de “U” y, por último, ombligo en forma de almendra.
Unas formas que en la práctica quedan reducidas solo a dos: ombligo hacia dentro, ombligo hacia fuera ¿Cómo lo ven? ¿Poco científica quizás? Ya, quizás. Por cierto, y ya de la que va, ¿a qué categoría pertenece el suyo?
Razón de la forma
Un ombligo les decía, que al ser considerado como una cicatriz -consecuencia de haber cortado y pinzado el cordón umbilical, de modo que el pequeño pedazo que sobresale se empieza a secar y cae en las dos primeras semanas de vida-, muchos piensan que su forma y tamaño dependen precisamente de eso, de cómo se ha cortado el cordón umbilical en el momento del parto.
Una afirmación basada en la ciencia popular y hasta cierto punto lógica, pero que constituye un craso error. Por lo que sé, no va por ahí la explicación científica que aporta la ciencia académica, acerca del origen de estas peculiaridades físicas ombligueras.
Entonces, ¿de qué dependen la forma y el tamaño del ombligo?
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