Los toros son la fiesta más culta que hay hoy en el mundo.

Federico García Lorca (1898-1936), escritor español

jueves, 23 de noviembre de 2017

¿Para qué sirve el ombligo? Fisiología


A raíz de la saga de entradas de hace unos días ¿Tuvieron ombligo nuestros primeros padres?, un curioso lector me interpelaba con la pregunta del titular y la verdad sea dicha no anda falto de razón.
¿Qué utilidad tiene esa marca tan característica que, como consecuencia de haber nacido de un parto, compartimos todos los seres humanos? Esa cicatriz que nos acompaña desde el primer momento que venimos al mundo, y a la que sin embargo prestamos tan poca atención, poca digo, por no decir ninguna.
Como ven, mi anónimo lector pone el dedo inquisidor en la llaga científica. Y aunque ya saben que éste es un campo de conocimientos del que disto mucho de ser un experto, por lo que me he podido informar, parece ser que una vez que hemos nacido el ombligo no sirve para nada, dicho sea esto desde el punto de vista fisiológico.
Quiero decir que lo llevamos en nuestro cuerpo, pero sin que cumpla una función vital determinada, ni esté relacionado con algún proceso que pueda afectar o proteger nuestro organismo. Nada esencial por tanto y por ello prescindible.
Puesto a pensar, quizás el ombligo sea uno de esos elementos innecesarios a los que la evolución les permite que nos sigan acompañando, por la sencilla razón de que no merece la pena eliminarlos. Recordemos que la forma de actuar la naturaleza sobre los organismos vivos no es obedeciendo a un plan maestro dictado por alguien ¡No por Dios!
Por lo que sabemos de forma fehaciente no se trata de un acto creador que pretende construir una criatura perfecta de nosotros. La evolución, a través del mecanismo de la selección natural, está a favor o en contra de determinadas partes de nuestro cuerpo, sólo en función de nuestra supervivencia y reproducción.

Por eso si alguna parte de nuestro cuerpo ya no nos es necesaria, con el tiempo sólo la elimina si su presencia nos resulta perjudicial. Pero si no es así, entonces simplemente lo deja ahí, por la sencilla razón de que es lo menos costoso, energéticamente hablando, para el organismo.
Sólo cuando es una tara, una molestia o un peligro lo hace. Es la omnipresente e inexorable ley universal de la economía del universo.
No es la primera vez que vienen a esta tribuna tanto la susodicha ley de la economía, como algunas de esas partes de nuestro organismo que en apariencia no sirven para nada y a las que, al menos por ahora, no les encontramos ninguna función concreta a desempeñar.
Ya les hablé en otra ocasión de los pezones masculinos, el apéndice, el vello corporal, las muelas del juicio y el cóccix entre otros que me vienen a la memoria, pero hay otros a los que habrá que enrocar en otra ocasión.  
Siguiendo con lo que nos trae hoya, es esta una explicación, la de la inutilidad fisiológica del ombligo, que de ser aceptada nos deja libres para reformularnos la pregunta inicial y reconducirla por otros derroteros, con solo sustituir la preposición de finalidad (para) por la causal (por) y el verbo ‘servir’ por el de ‘tener’  ¿Por qué tenemos ombligo?
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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