La ciencia ha eliminado las distancias. (Cien años de soledad, 1967).

Gabriel García Márquez (1927-2014), escritor colombiano

jueves, 2 de mayo de 2019

Ciencias y forma de la Maestranza

En las anteriores entradas taurino-científicas relacionadas con la presencia en el coso taurino del Arenal sevillano, del científico victoriano Sir Francis Galton en ese Domingo de Ramos del 2 de abril de 1899, hace ahora ciento veinte (120) años, quedaron en el aire algunas preguntas cuyas respuestas ya han aparecido en esta tribuna pretendidamente divulgativa.

Me refiero, por orden de aparición, a: ‘¿Por qué la Semana Santa cae cada año en una fecha diferente?’  ‘¿Por qué hay siempre Luna llena en Semana Santa?' ‘¿Cuándo y por qué se crearon los husos horarios?’ ‘¿Por qué y desde cuándo se cambia la hora dos veces al año?’. Y formaban parte de su argumentario ciencias como: matemáticas, mecánica, ciencias del espacio, metrología, etcétera.
Pero como las planteé manteniendo un paralelismo taurino-literario con Seis personajes en busca de autor, no tuve más remedio que dejarle un par de preguntas más en busca de respuestas (Pirandello, ‘dixit’), que probablemente recuerde: ‘¿Qué forma tenía la Maestranza de Sevilla en las postrimerías del siglo XIX?’ ‘¿Era rectangular, octogonal o “redonda”?’. Pues bien, aquí las tiene, y para ello nada mejor que empezar por el principio, haciendo algo de historia de la forma de los cosos taurinos.
Breve historia de las formas de las plazas de toros
En un principio las fiestas de toros se celebraban en las plazas públicas dado que empezaron como espectáculos gratuitos. Y como todas ellas eran más o menos poligonales y cerradas en las balaustradas, que estaban protegidas por maderos que ejercían de burladeros, así era también el recinto que delimitaban. Unos espacios por lo general cuadriláteros (en geometría euclidiana, polígono de cuatro lados y cuatro vértices, cuyo nombre desde el punto de vista de la etimología deriva de las voces latinas quadri, que significa “cuatro”, y latus, que significa “lado”), como el cuadrado o el rectángulo.
Unas formas que no planteaban mayores problemas a la lidia, que por aquel entonces se realizaba a caballo, y en la que el toro apenas paraba en el centro de la plaza y el público participaba de forma activa en ella. Como ejemplo tenemos las ‘fiestas de toros y cañas’ que se celebraban en la Plaza Mayor de Madrid. Sin embargo con la llegada de la lidia moderna, el toreo a pie, algunas cosas cambiaron. Para empezar el público pasó a convertirse en un mero espectador y por su parte, el toro, tiene más facilidad para acularse en un ángulo de la plaza, donde se hace prácticamente imposible torearlos.

De ahí que la figura del recinto empiece a cambiar, haciéndose su perímetro curvo y sin esquinas por tanto donde el toro pueda querenciarse y cobardear. Una distribución que sin duda alguna da mayor movilidad al toreo, favoreciendo así al espectáculo, y en la que tiene un papel protagonista la plaza de toros de Sevilla. La primera plaza de toros redonda de la historia o, bien dicho, con pretensiones de serlo, y con una dificultad cognitiva añadida que en mi opinión acompaña al adjetivo. Porque esa es otra, ¿qué significa redonda? Vayamos primero con la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.



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