Lo que realmente soy es matemática.
Más que ser recordada como la primera mujer en esto o en aquello,
preferiría serlo por los teoremas que he probado y los problemas que he resuelto.

Julia Robinson (1919-1985), matemática estadounidense

martes, 2 de abril de 2019

Resurrección, Maestranza y Galton

O lo que es lo mismo, campos de conocimientos humanos conocidos como religión, arte y ciencia, representados por un día señero de la Semana Santa, un símbolo de la Tauromaquia sevillana y un conocido representante victoriano de la Ciencia.
Y todos ellos mezclados en el mismo negro sobre blanco que tienen ante sus ojos, a pesar de lo extraño y dispar que les puedan parecer su vinculación en un principio. Pero es que, en esta vida, nada suele ser lo que parece y, en este caso en concreto, no es poco lo que la ciencia tiene que decir, tanto del mundo de las creencias religiosas como del de la tauromaquia. Mejor les sitúo.
La coincidencia espacio-temporal de esta terna de elementos, tuvo lugar hace hoy exactamente ciento veinte (120) años, el 2 de abril de 1899, que ese año del Señor era Domigo de Resurrección y se celebraba el primero de los festejos de la temporada taurina en la Plaza de la Maestranza de Sevilla, no teniendo lugar el segundo ya, hasta el 18 de abril, en plena Feria de Abril.
Les supongo conocedores y al tanto, por lo que no entraré a comentar, ni la dependencia calendaria que dicha fiesta tiene con la Semana Santa, ni la supeditación cósmica de fecha que esta celebración religiosa guarda con la Astronomía. En cualquier caso, dejo suelto estos flecos: ¿Por qué la Semana Santa cae cada año en una fecha diferente? ¿Por qué hay siempre Luna llena en Semana Santa?
Son preguntas en busca de respuestas (Pirandello, dixit), que dejo en manos del lector curioso y avisado, mientras que aquí nos metemos en faena.
Acerca de la feria taurina sevillana de 1899
A título de curiosidad recordar que constó de tres corridas de toros que se celebraron las tardes de los días 18 (martes), 19 (miércoles) y 20 (jueves) de abril, y con un precio que oscilaba entre las cien pesetas que costaba un palco de diez asientos, la localidad más apreciada por la sociedad de la época, hasta las dos coma veinticinco pesetas que costaba una entrada de sol, pasando por la diez pesetas de una barrera.
Una plaza que por cierto se abría al público a las dos pues la corrida comenzaba a las cuatro de la tarde, hora que había sido confirmada por la propia plaza unas dos semanas antes de cada festejo y que, naturalmente, venía determinada por la duración del día y las horas de sol.
Es posible que les sorprenda ese horario de las cuatro de la tarde, y no el lorquiana de las cinco en punto, pero estamos en las postrimerías del XIX, quedan casi dos años para el fin de siglo y no estaban del todo regulados los husos horarios y, mucho menos, extendida la costumbre del doble cambio de hora anual.
En la actualidad, y como bien saben, en el mes de marzo suelen empezar a las cinco y, conforme pasan las fechas, se va retrasando la hora hasta llegar a las siete de la tarde en pleno ferragosto, para volver a adelantarla a las seis en otoño. Es una nueva dependencia del arte de la tauromaquia con las Ciencias del espacio.
A propósito, retomo al escritor siciliano y cediéndole los trastos de matar les suelto, por mero oportunismo calendario, este morlaco de dos orejas horarias, ¿Cuándo y por qué se crearon los husos horarios? ¿Por qué y desde cuándo se cambia la hora dos veces al año? (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.



1 comentario :

un aficionado sevillano dijo...

¡Qué sorpresa más agradable! Debería escribir con más frecuencia sobre tauromaquia. Enhorabuena