(Continuación) Porque ninguno como el hierro de la “A con asas”, ya me entiende, para reflexionar sobre el miedo, la vida o el valor, elevando la misma lidia al rango de categoría estética e intelectual, pero no le canso, seguro que conoce y es probable haya leído al respecto.
Solo por mencionar algo, sirvan las crónicas del
periodista y ensayista talavereño Gregorio Corrochano y, ojeado/hojeado
al menos, la que está considerada como la enciclopedia definitiva de la
tauromaquia, Los toros (1943) de José María de Cossío. Esto por
no citar al santanderino Gerardo Diego, miembro de la Generación del 27,
de la que en pocos meses estaremos de celebración centenaria; o al pamplonica Rafael
García Serrano, de tan limpia y directa narrativa.
En resumen, cuando se utiliza la palabra Miura, sea dentro o fuera de la plaza, se está haciendo referencia a algo casi inabordable, a un reto de máximo nivel y es que, a veces, el lenguaje popular adopta metáforas relacionadas con la mayor dificultad, peligro y exigencia asociadas al término taurómaco. Una adopción que traslada además de la prosa a la misma poesía popular. Como lo lee.
Miura en
el lenguaje coloquial. Poesía taurina
La conexión entre la legendaria ganadería de toros
sevillana y la poesía clásica y popular resulta ser bastante profunda, dado que
el toro bravo ha sido durante siglos una poderosa y metafórica musa de
inspiración en la literatura española.
Una relación que va desde el lirismo trágico hasta la
música popular y ha sugestionado a poetas como el fuenterino Federico García
Lorca, que inmortalizó la tragedia en el Llanto por Ignacio Sánchez
Mejías, 1934; cómo no recordar el ritmo horario de su “¡Eran las cinco
en punto de la tarde!”.
O al ganadero-poeta sevillano que soñaba con criar toros antiguos de ojos verdes, Fernando Villalón, quien dedicó evocadores versos a estos astados plasmando con ellos el folclore y la tragedia; al igual que el matador sevillano Manuel García Cuesta, “El Espartero”, herido de muerte por el miura de capa colorado Perdigón de quien escribió: Malhaya sea Perdigón, / el torillo traicionero.
Miura en
el lenguaje coloquial. Música
De este luctuoso sucedido queda también en el recuerdo
alguna que otra copla popular, “Los toritos de Miura ya no le tienen miedo a
nada / que se ha muerto El Espartero, el mejor que los mataba”.
No le digo más. A la vista está que, a diferencia de la
prosa taurina requeridora de una narrativa dinámica y descriptiva, la poesía
busca la tragedia o la exaltación lírica. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas




No hay comentarios :
Publicar un comentario