[Esta entrada apareció publicada el 15 de mayo de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]
Y su principal característica, la no existencia. Porque ya sabe que son imposibles, no existen, no pueden existir ni desde el punto de vista teórico, al violar tanto la primera como la segunda ley de la termodinámica (conservación de la energía y disipación por fricción), ni desde el práctico pues la realidad se muestra tozuda y no conocemos, de manera documentada, de ningún móvil perpetuo que haya funcionado o funcione.
No a
pesar de que, a lo largo de los siglos, y hace falta más de una mano para contarlos,
no pocos “iluminados” han intentado construir estas “quimeras mecánicas”. Es
más, no solo no han podido, sino que, irónicamente, los intentos han ayudado a
entender científicamente que nunca podrían. O sea.
De ejemplo de la paradoja sirva el mismo laboratorio de quien está considerado “padre de la química moderna”, el francés Antoine Lavoisier y sus experimentos sobre la conservación de la masa y la energía (1785), probablemente uno de los primeros intentos científicos por refutar la posibilidad del movimiento perpetuo mediante un enfoque riguroso y empírico. O sea que no.
No existen los móviles perpetuos, las máquinas de movimiento
perpetuo solo son fruto de la ignorancia, la credulidad, el engaño o una mezcla
de todos. Unos móviles que pueden ser categorizados: de primera especie,
máquinas que generan trabajo sin ninguna entrada externa de energía (imposibilidad por la 1ª Ley); y de segunda especie,
las que transforman el total de la energía sin pérdida alguna en el proceso
(imposibilidad por la 2ª Ley).
Es decir, una impide la creación de energía a partir de la nada y otra introduce una restricción fundamental más, la de que no se puede convertir calor directamente en trabajo con un 100 % de eficiencia; y es que la entropía siempre aumenta en un sistema aislado por lo que no se puede convertir toda la energía en trabajo útil ya que siempre tendremos pérdidas.
En
román paladino, una máquina no puede generar más energía de la que recibe de
modo que cualquier sistema mecánico, eléctrico o térmico que pretenda funcionar
eternamente sin que se le aporte energía, acabará por pararse al transformar la
que tiene debido a diferentes fuerzas disipativas: fricción,
rozamiento con el aire, etcétera.
Una realidad fáctica, la de su imposibilidad, que se muestra tozuda desde hace siglos a pesar de la aparición de nuevos campos de conocimientos científicos en los últimos tiempos. Ninguno de sus cuerpos teóricos -electromagnetismo, radiactividad, relatividad einsteniana, mecánica cuántica o teoría del caos- los han hecho viables y así, el supuesto “movimiento indefinido” producido mediante campos electromagnéticos generados por imanes permanentes precisan, ineludiblemente, de una fuente de energía externa que los produzcan y mantengan. Al igual que ocurre con las reacciones nucleares. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
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