(Continuación) Relacionado con la ausencia de información rigurosa que por lo general rodea a la homeopatía me gustaría poner negro sobre blanco un par de aspectos que me llaman la atención sobre sus productos, los conocidos como “azucarillos homeopáticos”.
¡Azúcar!
En cualquiera de sus dos
principales significados populares, el término “azucarillo” de la
cabecera alude al azúcar común, sustancia cristalina y soluble en agua
con la que endulzamos por ejemplo el café.
Perdone el subtítulo, pero
no me he podido sustraer al grito, quizás el sello de identidad más famoso de
la música cubana, inmortalizado por la legendaria cantante Celia Cruz, y
que tiene su intrahistoria que dejamos para mejor ocasión.
“Azucarillo” le decía, venga la sustancia prensada en forma de terrón o suelta en un sobre que, por cierto, suele contener entre 5 y 8 g, cantidad que dicha así puede parecer pequeña (todo es relativo) pero que científicamente resulta ser significativa, lo que tiene su aquel.
Sobre todo si tenemos en
cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no
superar los 25 g que tomemos al día, observe que con un solo sobre ya cubrimos
una cuarta parte del límite.
Un azúcar común o de
mesa del que desde los tiempos bachilleres sabemos: su nombre químico, sacarosa;
su naturaleza, es un carbohidrato cristalino de fórmula molecular C12H22O11;
y su composición, se trata de un disacárido formado a partes iguales de
dos azúcares simples (monosacáridos), una molécula de glucosa y otra de fructosa.
“Azucarillos homeopáticos”
Le cuento esto a la vez que le recuerdo que los productos homeopáticos -sean presentados en gránulos, glóbulos o comprimidos-, utilizan lactosa, glucosa y sacarosa como excipientes principales para formar su soporte sólido.
Es el vehículo que se
impregna con una gota de una solución homeopática extremadamente diluida de la
sustancia de origen, supuesto principio activo salutífero según ellos, pero del
que la comunidad
médica y científica afirma y demuestra no existe ni una sola molécula (Principio
de Avogadro).
Así que carecen de
principios activos y efectos saludables, le recuerdo que tampoco hay evidencia
alguna de que el agua tenga memoria, y
que, en el caso de haberlos, están asociados al estudiado efecto placebo.
(Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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