martes, 31 de marzo de 2026

Los Becquerel: Louis Alfred, Pauline, ...

(Continuación) Del primer fenómeno, emisión de luz por parte de una sustancia sin aumentar su temperatura, conocido como luminiscencia o “luz fría” y caracterizado por generar destellos de claridad en espacios oscuros, Becquerel tuvo conocimiento en 1830 durante un viaje a Venecia en el que pudo contemplar el brillo nocturno del mar y de las luciérnagas (bioluminiscencia).

En la actualidad, casi dos siglos después, sabemos que el brillo de las luciérnagas, así como el originado en forma de brillo nocturno en los mares se debe a la reacción del oxígeno con una molécula derivada de la clorofila, la luciferina -de fórmula C11H8N2O3S2 y cuyo nombre IUPAC le ahorro por prescindible- catalizada por la enzima lucífera.

Legado científico y familiar de Antoine César

Dentro de su legado destacar sus obras Elementos de la física terrestre y la meteorología, 1847, e Historia de la electricidad y aplicaciones a la química, ciencias naturales y las artes, escrita en colaboración con su hijo Edmond a quién transmitió su ilusión por los procesos de emisión de luz.

Asimismo, Antoine César es uno de los 72 sabios cuyos apellidos están inscritos en la torre Eiffel y constituye la primera generación científica de su familia, a la que dio continuidad con tres hijos que también tuvieron un importante compromiso con las ciencias, si bien algunos fuera del campo de la física.

Louis Alfred Becquerel (1814-1862)

Médico, profesor e investigador fue el mayor de los tres hermanos y se doctoró en 1830 con la tesis ‘Investigación clínica sobre afecciones tuberculosas del cerebro’. Colaboró con Maxime Vernois en la elaboración de dos libros (1853 y 1856) y fue autor de diversas obras sobre la detección de enfermedades en la orina. Poco más que reseñar del primogénito.

Pauline Becquerel (1819-1841)

Salvo la influencia que debió ejercer sobre el segundo de los hermanos, en este caso una mujer, Pauline, también médico especializada en enfermedades del oído y casada con otro médico cuyo apellido quizás le suene, Prosper Ménière (1799-1862)

Quien en 1861 describe los síntomas de la enfermedad homónima y los síntomas relacionados con un vértigo repentino, consiguiendo así que los pacientes afectados por esta enfermedad dejaran de ser tratados como enfermos mentales.

Un síndrome que unido a una pérdida progresiva de audición y acúfenos son molestias producidas por un problema en el oído interno que nada tienen que ver con una forma de epilepsia, distinguiéndolas también del vértigo causado por un defecto en el sistema nervioso central. (Continuará)

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