(Continuación) No obstante, estará conmigo, que la absoluta torpeza investigadora “bacteriana” no resta ni un ápice de méritos historietistas al genio creativo “bacteriense”; es una de esas licencias que nos permite el mundo de la ficción y que no excluye otras vertientes interpretativas.
No trato de decir que Bacterio sea un buen
ejemplo, ni siquiera ejemplo; si acaso es una aproximación simpática, una anécdota
del modelo de científico que requería la sociedad de la segunda mitad del
siglo pasado, o requiere esta primera mitad del XXI.
Tampoco, siquiera, que Ibáñez fuera un
intérprete de la ciencia que haya tenido o pretendido tener, cierta dimensión
educativa, ni mucho menos y nada más lejos de su intención, creo.
Ciencia “ibañita”
Pero no es menos cierto que ambos formaron parte de una generación que vivió la ciencia como un recurso, uno que se puede y debe utilizar en los dos sentidos, para el bien o para el mal, y siempre en clave de humor. No todo ha de ser Cervantes o Shakespeare en esta vida, y debemos reírnos con y de nosotros mismos.
Que es lo que hacemos con el barcelonés y sus burdos
inventos cuando ironiza con ese sentimiento de inferioridad que siempre, y de una
manera u otra, ha gravitado sobre la psique científica española a la hora de compararnos
con británicos, estadounidenses o alemanes.
Un cierto complejo que por supuesto, nada tiene que ver
con el antipatriotismo, más bien todo lo contrario; en este sentido, creo que es
en su novela Nocilla Experience (2008) donde el escritor, físico y poeta
Agustín Fernández Mallo incluye a un personaje que ilustra esto que le digo.
Otros ‘Bacterio’
También de nombre ‘profesor Bacterio’, ya ve por dónde voy, éste es un científico que une discos duros de ordenadores viejos con un hilo de pescar y los sumerge en el océano para obtener una sustancia llamada ‘informatina’, no me diga.
Auténtica y genuina chapuza patria posterior a Ibañez,
que nada tiene que envidiar a las del resto del mundo en los albores de este siglo
y que no es única. Dando marcha atrás en el tiempo le relaciono.
a) El ‘Profesor Silvestre Tornasol’, (1943-44),
personaje de Las aventuras de Tintín creado por Hergé, un inventor
calvo, excéntrico y prácticamente sordo cuya imagen física se inspira en la del
profesor e inventor suizo Auguste Piccard (1884-1962), amigo de Hergé.
b) El ‘Profesor Franz de Copenhague’ (1935), serio y también calvo inventor de la revista TBO, creado por Serra Massana en el número 920 de la colección. c) El ‘Dr. Moreau’ (1896), fisiólogo protagonista de la novela La isla del Dr. Moreau del inglés H. G. Wells, una parábola sobre los límites de la ciencia y la naturaleza humana. (¿Continuará?)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva,
si desean ampliar información sobre ellas.




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