(Continuación) Una peculiar mirada ibañezca que, gracias a su genialidad, convierte a la ciencia en un personaje más de sus historietas además de, y sin proponérselo probablemente, en una poderosa herramienta de divulgación. Una maravilla didascálica para muchos, dicho esto con cierta reserva y me explico.
Aunque el caótico profesor -con sus inaceptables métodos de
investigación, disparatadas e imposibles ideas y absurdos dispositivos e inventos-
haya sido una de las primeras aproximaciones al mundo científico-técnico para
millones de españoles, entre los que me incluyo.
Y aceptando que el barbudo científico se aleja con mucho del
cliché del sabio excéntrico que trata de dominar al mundo mediante el poder de
la ciencia, no, no es su caso, no por ello hemos de dejar de admitir lo que, por
otro lado, resulta obvio.
‘Bacterio’ es un mal
científico
Mejor dicho, no es un buen ejemplo de científico a seguir pues encarna una incorrecta visión de la ciencia: su aislamiento en la forma de trabajar, el objetivo que elige, la ausencia de revisión por pares, los riesgos prescindibles y continuos que corre, etcétera.
Sí se podría referir, si acaso, como un anti ejemplo, una
anécdota o caso simpático y extremo de todo lo que no se debe realizar en
ciencia; es decir lo que nuestro historietista, que no dibujante, hace al convertirlo en una herramienta para
criticar cómo se negocia, malinterpreta y usa la ciencia, desde las pseudociencias
hasta los grandes descubrimientos.
Con el descacharrante personaje del profesor,
el sesudo artista lo que hace es satirizar la mala praxis científica y no a la ciencia
misma; con él, y la imprescindible y necesaria colaboración del dúo de detective
y otros personajes, consigue desacreditar prácticas sin por ello deslegitimar
la necesidad del conocimiento.
Ciencia mala, mala ciencia
Y es que, no lo olvidemos, en sus historias abundan las sugerencias científicas y los reclamos tecnológicos dado que los “inventos” intentan abordar fenómenos reales con la mejor de las intenciones, pero, eso sí, con el peor de los métodos y resultados.
No en vano el ritmo de investigación lo marca
la necesidad inmediata y urgente, se experimenta sin condiciones de seguridad alguna,
ningún tipo de rigor, en solitario y, por supuesto, sin apenas condicionamiento
ni preocupación ética.
En definitiva, todo lo contrario que debe ser: de un
lado, la ciencia, responsable y colectiva, ya que se trata de un trabajo
continuado de muchísima gente que termina generando un conocimiento para la
sociedad; y de otro, el modelo de científico que requiere la sociedad hoy en
día. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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