Creo que en estos años de “enroque científico” diario (van ya para diecinueve) le he contado si no todo, casi todo lo habido y por haber sobre la ineludible e inefable por ahora, doble variación anual de hora, del que este de hoy es uno de sus dos momentos.
En esta madrugada de sábado 28 a domingo 29 de marzo, las 2:00 h (1:00 h en Canarias), pasarán a ser las 3:00 h (2:00 h en Canarias), un día que durará por tanto una hora menos, veintitrés en vez de veinticuatro; se siente, menos tiempo para el sueño o el descanso.
Un periodo de tiempo que se extenderá hasta el próximo 25 de octubre (también cae lógicamente en madrugada “finsemanera” este cambio de hora octubrino) y con el que comenzará el horario de invierno recuperando esa hora que “perdemos” ahora.
Unos cambios que al decir de algunos les produce algún tipo de impacto en su vida diaria, una especie de alteración en su comportamiento y estado de ánimo, pongamos que hablan de euforia, de astenia primaveral y de otras supuestas dolencias asociadas a los ritmos del sueño, las horas de luz solar o vaya usted a saber.
Polémica a la que se añade la circunstancia político social de que a nivel legislativo no se prevén modificaciones en el corto plazo, al menos en suelo patrio. Por la Orden PCM/186/2022, de 11 de marzo, publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE), el cambio horario seguirá teniendo lugar cada otoño y cada primavera hasta, al menos, 2026.
Ya, ya, de meteorológica tiene poco esta primavera, me dirá usted no falto de algo de razón; pero “por ahora” le contesto a bote pronto si me lo permite, y es que “Al tiempo, tiempo le pido, y el tiempo, tiempo me da, y el mismo tiempo me dice, que él me desengañará”.
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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