Con poco más de trescientas páginas y dos docenas de breves capítulos, titulados con cada uno de los momentos de la narración, el texto que tengo sobre la mesa desde ya le digo que se lee sin dificultad, si bien no es menos cierto esto otro. Al integrarse en él diferentes técnicas narrativas (monólogos, preguntas y respuestas, o pequeños “homenajes”, entiéndame) y contener tal abundancia de datos, su lectura requiere de cierto grado de atención y ejercicio memorístico por parte de usted, lector.
Uno en realidad pleno de sucedidos extraordinarios, que en la novela se muestran en forma de sucesión de estampas en las que la literatura y la vida se entremezclan en el marco de un París efervescente y desprejuiciado. Y donde otras obras y personajes brillaron también con luz propia. No olvidemos que lo mejor de Rainer María Rilke se produce ese año, termina Elegías de Duino y escribe Sonetos de Orfeo. Fernando Pessoa, de alguna manera, conecta con W. B. Yeats a través del mundo de lo esotérico. Y Pound tiene ya en plena fase de composición sus Cantos.
Sin olvidarnos que en este año de 1922 Albert Einstein recibe el Premio Nobel de Física, pero no por su Teoría de la Relatividad sino por la explicación del efecto fotoeléctrico; aunque antes tiene lugar el inusitado debate en
la parisina Sorbona, entre el físico relativista y el filósofo Henri Bergson acerca del tiempo, ya sabe lo del insólito einsteniense: “el tiempo de los filósofos no existe”.
En fin. Pero no queda aquí el elenco de participantes VIP de la novela, que tiene
como epicentro a París.
Hojeando y ojendo sus páginas, a vuelatecla como quien dice, saltan los nombres, entre otros, de: Hemingway, Cavafis, Girondo, Fiztgerald (1922 fue también cuando se publicó ‘El gran Gatsby’), Stein, Woolf, Cummings, Silvia Beach, Vallejo, Stravinski, Picasso, Borges, Brancusi, Proust, Djuna Barnes o Breton. Algunos de ellos nobeles y otros no. O sea que bien. Y todo ello escrito con una magnífica y ágil prosa, en un estilo transparente no exento de carga retórica, dotada de un liviano sentido del humor y con una buena hilazón para trenzar el vasto contenido volcado a lo largo del relato.
Gracias a esta habilidad del autor me he enterado,
de forma amena y didascálica, de una enorme cantidad de interesantes quisicosas
y sabrosas anécdotas que desconocía (la mayoría) o apenas me acordaba (la minoría).
Un libro recomendable. Recuerde.
TÍTULO: 1922
AUTOR: Antonio Rivero Taravillo
EDITORIAL: Pre-textos, 2022
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