La incompatibilidad entre ciencia y religión es simple:
un científico no creerá nada hasta que lo vea, y
un hombre religioso no verá nada hasta que no crea en ello.

Charles Lyell (1797-1875), geólogo británico y fundador de la Geología moderna.

martes, 12 de enero de 2021

Anagramas e isómeros [CR-117]

[Esta entrada apareció publicada el 31 de diciembre de 2020, en la contraportada del semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]

Del primero de los sustantivos sabemos que son palabras o frases que resultan de la transposición de letras de otras palabras o frases. Es decir que tienen las mismas, con el mismo número de apariciones, solo que en un orden diferente y, por ende, con distinto significado; sirva de muestra: amor / ramo / mora / roma / omar.

Y de los tiempos bachilleres recordamos que el segundo hace referencia a aquellos compuestos químicos con idéntica fórmula molecular (mismos elementos y en las mismas proporciones) pero diferentes propiedades y configuración. Sirva de ejemplo el alcohol etílico o etanol y el éter dimetílico, isómeros de fórmula molecular C2H6O. Es decir, que a poco que se piense, el término isómero es equivalente al de anagrama.

Sí. Los isómeros químicos son como los anagramas literarios, incluso un poco más, al gozar aquellos de propiedades de las que carecen estos. Los isómeros (“anagramas”) son moléculas (palabras) que tienen la misma fórmula molecular (los mismos caracteres) pero diferente estructura (diferente disposición) y por tanto otras propiedades (otros significados).

La isomería fue descubierta en 1827 por el químico alemán Wöhler al obtener cianato de plata y comprobar que, a pesar de que su composición elemental era idéntica, AgOCN, a la del fulminato de plata preparado un año antes por el también químico alemán Liebig, sus propiedades eran bien diferentes.

Algo que resultaba difícil de aceptar a la luz de los conocimientos químicos dominantes en la época, por los que dos compuestos químicos eran diferentes sólo si tenían diferentes composiciones. Sólo un año después, en 1828, el mismo Wöhler descubría un prodigio idéntico entre otros dos compuestos con la misma estructura atómica, N2H4OC, pero químicamente diferentes, el cianato de amonio y la urea (diaminometanona).

Poco después, en 1830, el químico sueco Berzelius le ponía nombre al asunto, isomerismo, ya en desuso, obsoleto. Y en 1848 el científico francés Pasteur diferenciaba diminutos cristales de ácido tartárico, C4H6O6, en sus dos formas especulares, cuyas soluciones hacían girar el plano de luz polarizada los mismos grados, pero en sentidos opuestos.

Los ácidos D y L tartárico cuyas moléculas individuales hacían girar a derecha (forma dextrógira, D) y a izquierda (forma levógira, L) la luz polarizada. Hablamos de estereoisómeros ópticos. Una década antes, en 1838, el químico francés Dumas acuñaba el término glucosa para un compuesto de fórmula molecular C6H12O6, que también corresponde a la fructosa, la galactosa y quince sustancias más, todas ellas de propiedades diferentes, pero con idéntica fórmula, vamos, isómeros.

Quizás también recuerde que existen distintos tipos de isomería, miles de isómeros y que, conforme, más átomos tenga un compuesto, más isómeros tendrá. Pero esa es otra historia, le dejo con Pasteur, ‘Desgraciados los hombres que tienen todas las ideas claras’.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

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