El Sol, a cuyo alrededor giran tantos planetas,
no se olvida de madurar un racimo de uvas.

Galileo Galilei
(1564-1642), físico y astrónomo italiano

jueves, 1 de octubre de 2020

Otras amenazas naturales

(Continuación) Sin ánimo de ser exahustivo ni intención de agotar tan catastrófico tema, la potencial amenaza solar a corto y medio plazo de sus erupciones electromagnéticas no es la única que tenemos encima (El Sol, una estrella vital y peligrosa).

Procedente del mismo Sol, eso sí a muy largo, largo, plazo temporal, pero cierto de toda certeza, tenemos la seguridad de la destrucción no ya de la vida toda sino de todo el planeta Tierra como cuerpo celeste.

Sin hablar claro está de todo el resto del Sistema Solar y a saber qué más material cósmico, que dependen de la existencia de nuestro astro dado quq, aquí el problema, éste tiene los días contados. Bueno, dicho así, quizás resulte algo incierto cuantitativamente hablando, digamos mejor que “tan solo” le quedan unos miles de millones de años.

La muerte del Sol

Los astrofísicos estiman que el Sol está aproximadamente en la mitad de su vida, quedándole aún unos cinco mil millones (5 000 000 000) de años como tal enana amarilla, antes de convertirse en una gigante roja y finalmente agotarse como una débil enana blanca. Unos procesos que durarán millones de años y en los que está implicado el combustible de su núcleo, el hidrógeno (H).

Un gas que debido a las altísimas temperaturas solares se transforma en helio (He) a razón de millones de toneladas por segundo hasta agotarse, para después ocurrir algo parecido con éste y posteriormente con el carbono (C), hasta que no quede más combustible para las reacciones de fusión nuclear. Será cuando la gravedad de su núcleo haga que la estrella se encoja, y toda su masa quede aplastada en su núcleo convirtiéndose en una enana blanca.

Para entonces ya se habría tragado a los planetas internos del sistema -Mercurio, Venus, la Tierra y tal vez Marte- y “achicharrado” al resto con todo tipo de radiación infrarroja (IR), ultravioleta (UV), rayos X, etcétera. Pero tranquilo aún queda para eso, a saber quién andará por aquí en aquellos entonces y como nos dijo el clásico ‘El Sol no se ha puesto aún por última vez’.

Los meteoritos, otra amenaza extraterrestre

Aparte de los dos solares (erupciones y muerte), existe otro fenómeno natural potencialmente peligroso para la vida o parte de ella, y por tanto para la humanidad, que reside fuera de nuestro planeta, y no es otro que la amenaza que supone el impacto de un meteorito de gran tamaño contra la Tierra. (Diferenciando asteroide, meteoroide, meteoro, meteorito, …)

Recordar que el impacto, hace unos sesenta y cinco millones (65 000 000) de años, de un meteorito de unos diez kilómetros (10 km) de diámetro en la península de Yucatán (México), es una de las dos hipótesis que se manejan para explicar la extinción de los dinosaurios que marca el final del periodo Cretácico y el comienzo del Paleógeno. (Dinosaurios y hombres [CR-03])

Ni que decir tiene que la esperanza humana de disponer medios que nos permitan combatir contra estos “ataques externos”, se basa exclusivamente en la capacidad de la ciencia y la tecnología a la hora de generar conocimientos, instrumental y herramientas que nos permitan predecir con un margen suficiente cuándo se producirán y cómo anularlos o minimizar sus efectos. (¿Continuará?)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


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