El Sol, a cuyo alrededor giran tantos planetas,
no se olvida de madurar un racimo de uvas.

Galileo Galilei
(1564-1642), físico y astrónomo italiano

lunes, 5 de octubre de 2020

CALLE DON ALONSO EL SABIO

(Continuación) Con un mes de retraso, más vale tarde que nunca, llega la ocasión prometida de contarle la anécdota de la céntrica calle que el rey Alfonso X tiene en la ciudad de Sevilla con su nombre -bueno tampoco es así exactamente, a eso vamos- que vino a propósito de la frase que ‘el rey sabio’ pronunció al percartase de los problemas que planteaba el modelo geocéntrico del Universo, recuerde el mes pasado “Si Dios me hubiera pedido consejo…”.

Yendo a lo que nos trae hoy resulta que, si busca esta vía sevillana por el nombre del rey o su sobrenombre, y en función del tipo de guía que utilice en la búsqueda, es más que probable que no halle de ella ni el menor rastro. Vamos que el Rey Sabio tuvo mala pata con el nombre de la calle que le tocó, y eso que posibles referencias escritas para encontrarla existen, vean si no.

Alfonso el Sabio, rey Alfonso X, Don Alfonso el Sabio o Alfonso X y así casi ad infinitum como quien dice, pues nada. Por más que la busque bajo las formas anteriores, y otras no puestas en negro sobre blanco, no la encontrará. Se trata de una calle problemática para su búsqueda, y es que su nombre oficial no es ninguno de los anteriores, sino el que intitula la entrada, calle Don Alonso el Sabio.

Una nomenclatura problemática

Escrito así, con el tratamiento protocolario de “Don” por delante como expresión de respeto, cortesía o distinción social, una deferencia por cierto muy poco usual en el callejero, dicho sea de paso. Y con un nombre en el que se ha producido la asimilación del grupo /lf/ por /l/, de modo que aparece Alonso como variante fonética de su nombre de origen germánico Alfonso. Recuerden a su madre Beatriz de Suabia, noble alemana también con calle en Sevilla, pero en su caso bien escrito y fácil de encontrar en el nomenclátor.

No así el de su hijo, quizás la más difícil de encontrar en todo el callejero sevillano, Don Alonso el Sabio, Alonso y no Alfonso y con el Don por delante ¡como para encontrarla! Se trata de todo un doble y real despropósito, el del tratamiento y el nominal, que para más inri no es el único perpetrado con tan reconocido rey. Verá por qué le digo esto.

Resulta que esta calle, como le ocurre a otras muchas a lo largo de la historia, ha ido teniendo distintos nombres a lo largo de la historia, eso es de lo más normal y humano. Y así el actual lo tiene desde 1845 pero antes tenía otro bien distinto, uno que está, casi, en sus antípodas se podría decir y no le exagero lo más mínimo.

Una nomenclatura problemática y con guasa

Y esta disparidad ya no es tan normal, créame si le digo que este rey no tuvo mala pata como le dije antes, sino muy mala pata con el callejero de Sevilla, que a veces parece que lo cargara el mismo diablo. Si yo le contara.

Resulta que al menos desde 1713 esta vía era conocida como calle Burro, tal como lo lee, y no me pregunte el porqué pues se desconoce la razón de dicho nombre, aunque tampoco es que haga al caso. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

 


2 comentarios :

Damián dijo...

Curiosa y divertida pero con poco contenido científico como para aparecer en el blog.

Anónimo dijo...

¿has continuado leyendo?